10 julio 2008

Y Juanjo vino a Cádiz...

...el día del cine de verano y de la aparición milagrosa de iconos que expresan la certeza de que vivimos en Babylon. El día después de ver a Roberto.

LONDON CALLING

Podría hablar de la primera exposición que vi desencajado
de Bacon. De aquella cena enmarcable
en el Smiths de Covent Garden. De las entradas por el jardín
de Lady Di en el restaurante San Lorenzo. De la coincidencia de Agassi en el Froosts comprando yogures un junio de Wimbledon.
De las mañanas dominicales en la gloria de Candem. Podría extenderme en lo único que me preguntaban
los colegas al volver: qué tal el concierto de New Order, dónde pillaste esa camisa, tienes que contarnos lo de Boy George
el otro día en la iglesia de Picadilly...

Pero prefiero hablar de lo que a nadie importaba: de las manos
que fregaron miles de platos y tenían un aspecto tan lastimoso
que no se atrevían a salir, no se atrevían a salir ni siquiera
de sus bolsillos cuando libraba.
De los menús que serví a tantas turbas de hooligans asociados
para celebrar por todo lo bajo el party de Christmas. De las paradas
y paradas de metro rodeado de currelas por todas partes empezando por la mía. De los humillantes controles de aduana
para entrar en UK y veamos adónde vas y cuánto dinero llevas
y me lo enseña usted si es tan amable
como si no. De los inspectores de inmigración buscando a un tipo
con mi nombre y apellidos porque estaba en la agenda
de una amiga a la que impidieron la entrada en Gatweek.
Del mal trago en el Home Office con el visado.
De la pandilla de bastardos que casi me linchan por español.
De los neonazis en Trafalgar aterrorizando al propio Nelson.
Del paquistaní que me trató tan peor como los ingleses a él.
Del nudo en la garganta con las bombas del IRA en Oxford Street.
De la movida con un maricón en los baños de un cine del Soho.
De la debacle emocional aquel día que aquel hombre en aquel festival en Battersea Park me golpeó con aquella sinrazón evidente.
Del impacto ante los cientos de homeless que dormían al ras de varios grados bajo cero en la estación de Embankment.
Del pánico tantas noches a la altura de Putney.
De tanta desolación.

Que también hubo.
Y nunca lo conté.

Aquí más y más

2 comentarios:

safrika dijo...

Qué descubrimiento, seguiré la pista. Y un besazo.

London calling...

David Franco Monthiel dijo...

Pinche usted en los enlaces, amiga.
Salud