No querrás de veras ser poet(is)a. Primero, si eres mujer, tienes que ser tres veces mejor que cualquiera de los hombres. Segundo, tienes que acostarte con todo el mundo. Y tercero, tienes que haberte muerto.
Poeta masculino, en conversación.
Si una mujer quiere ser poeta, debe dormir cerca de la luna a cara abierta; debe caminar a través de sí misma estudiando el paisaje; no debe escribir sus poemas con sangre menstrual. Si una mujer quiere ser poeta, debe correr hacia atrás en torno al volcán; debe palpar el movimiento a lo largo de sus grietas; no debe conseguir un doctorado en sismografía. Si una mujer quiere ser poeta, no debe acostarse con manuscritos incircuncisos; no debe escribir odas a sus abortos; no debe hacer caldos de vieja carne de unicornio. Si una mujer quiere ser poeta, debe leer libros de cocina francesa y legumbres chinas; debe chupar poetas franceses para refrescar su aliento; no debe masturbarse en talleres de poesía. Si una mujer quiere ser poeta, debe pelar los vellos de sus pupilas; debe escuchar la respiración de hombres durmientes; debe escuchar los espacios entre esa respiración. Si una mujer quiere ser poeta, no debe escribir sus poemas con pene artificial; debe rezar para que sus hijos sean mujeres; debe perdonar a su padre su esperma más valiente.
Consto en las altas torres de la ciudad. No sé que nombre dieron a mis desvelos ya que mis pasos hollaron el terrible sesgo de los perdidos y ociosos. No sé que nombre dieron a aquella que espesa el azúcar de las treguas. Me alcanzó el tiempo de los meses y su broza roja cuando los números importan. Me dicen que la mano que no empuña nada, codicia la tasa de piedad que ya esparce sombra. Me modelan en cifra vuestros sabios y ciframos tantos que no somos números. Somos ceros de un millón de lágrimas.
[En Alan Watts, El camino del Tao, ed. Kairós, Barcelona, desde 1976, p. 128]
Manoel de Barros
"Noventa por cento do que escrevo é invenção. Só dez por cento é mentira."
[Manoel de Barros, Todo lo que no invento es falso (Antología), Málaga, 2002]
La llegada de los chinos [un poema antiguo de la isla de Pascua]
"Están mojados, los alegres extranjeros con su pelo como mujeres. Desembarcaron aquí, con sus relojes andando en sus muñecas. ¡Tienen ruidito! ¡Tienen ruidito!"
[Ernesto Cardenal, Antología de poesía primitiva, p. 97]
Ilusión y Realidad
"En su estudio Illusion and Reality (1937) Caudwell declaraba que la verdadera fuente de la literatura es el ritual tribal primitivo; en las celebraciones tribales y en los festivales de la recolección la labor colectiva y la poesía colectiva se hallaban unidas místicamente antes de que la progresiva división del trabajo separara al poeta, como individuo, de la sociedad y le obligara a esforzarse por recobrar la unidad, la unión, perdida."
[Peter Demetz, Marx, Engels y los poetas, p. 305, Barcelona, 1968]
Todas las puertas abiertas fue el primer libro editado por Libros de la Herida, allá por 2005.
En su singladura Todas las puertas abiertas ha recibido el cariño y la gratitud de lectores de todo el mundo. Hoy nos alegra mucho regalarlo, en formato digital, a toda la gente que se asoma por este blog.
[Por cierto: Pedro del Pozo (aquí puedes leer una conversación con él) tiene nuevo libro, a punto de salir en la editorial Baile del Sol].
Ocupados en atarnos los zapatos permanecemos quietos en el incendio– las paredes caen las puertas hinchadas bloquean la salida las ventanas ennegrecen sus cristales– oímos gritos observamos escenas de pánico y salvamento– (estos complicados nudos de cordón de zapato)–
Todas las puertas abiertas está disponible desde hoy en la biblioteca del Manual de Lecturas Rápidas Para la Supervivencia (MLRS), es decir: aquí.
Las cenizas de Gramsci fue un libro tortuoso de Pasolini, en el que el poeta se enfrentaba a la alteridad: a la suya propia, la de su sexualidad rebosante y culposa, a un pueblo idealizado y arcaico y al fundador de la versión democrática de la III Internacional. Las cenizas de Gramsci eran rastro de un cadáver glorioso, referente intelectual y moral de un mundo ajeno al poeta, un mundo con el que podía entablarse un cuerpo a cuerpo tenso: con una posibilidad política, con un pueblo idealizado por su arcaísmo y a través de esas dos referencias, perseguir la reconciliación, social y sexual, con la intimidad fracturada del poeta. Las cenizas de Salvochea está escrito por un poeta sin duplicidad social (es un poeta de origen proletario, contento por ello sin darse bombo, convertido en maestro y estudiante de Psicopedagogía), ni, al menos en lo que revela, angustia sexual: el libro está dedicado, gozosamente, al mundo común construido con Sonia y el amor aparece en los versos como resguardo del mundo y no como tortura. Sin embargo se encuentra recorrido por una desazón hondísima, tan dañina como los estigmas de Pasolini. No hay nada ajeno desde el que pensar cómo cambiar un mundo que se yergue, grande y terrible, sobre la explotación y que cuenta con la complicidad masiva. El escándalo está mudo, nadie le pone palabras, y eso es lo que intenta hacer David Franco Monthiel, trabajador de los servicios culturales, hijo de un obrero de CASA, militante de movimientos raquíticos y centrifugados por las disputas de las pequeñas capillas. Un verdadero working class hero lennoniano cuando Salvochea, el Cádiz rojinegro, son un fantasma, que a nadie se presenta, que no fortalece rebeldía alguna y que ni siquiera ocupa demasiado a la industria académica. David Franco, por lo demás, piensa desde un marco político y escribe con un público literario determinado como referente. El marco político es más o menos situacionista (imagino que el público literario también), y quizá por ello el mal se sitúa en el trabajo y en el alba, mientras que el descanso y la noche son la vida. En mi caso, diría, dándole la razón por una vez a Hannah Arendt, que más horroroso que ser explotado, es que no te quieran ni para explotarte: la libertad sin vínculos me parece más aterradora que la libertad encuadrada y sometida. Con la segunda es posible la lucha, con la primera solo queda la soledad y la denuncia a quien ni siquiera te quiere. En cualquier caso, más allá de mi acuerdo ideológico o no, este es un libro sobre cómo construir la propia subjetividad sin complacencias con la explotación. Y en esa empresa es un dignísimo continuador del referente pasoliniano: por su cuidado formal, por su pregnancia del mundo circundante, por su capacidad para leer en el detalle ínfimo la violencia dulzona de nuestra época.
Ha editado el libro de relatos "Yuri Gagarin que estás en los cielos" (Colección Alumbre, Diputación de Cádiz, 2011) y los poemarios
"Libro de la servidumbre" (Editorial Germanía, 2011), "Apuntes de la servidumbre" (Cuadernos Caudales, 2009), "Las cenizas de Salvochea" (Baile del sol, 2008), "Aforos completos y otros mínimos aforismos" (Ediciones del 4 de agosto, 2007), "Renta básica de olvido" (Ayuntamiento de Lepe, 2004). Forma parte del colectivo de expresión y agitación cultural La Palabra Itinerante. Es autor del blog Cuaderno de resistencia. http://dabolico.blogspot.com
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