Aún así, os ruego no visitéis nuestra cama en días de tormenta, en días de lluvia y una sábana que pertenece al halo íntimo del calor que se acoge en la primera hora. No acudáis a romper nuestro tiempo perdido del minutero, ahogado por las cuentas del trueno, la más apacible de las noches bajo unos sauces de humo, en las apagadas luces de un océano callado y silencioso en este rincón de la ciudad. No piséis las calles que fueron parte de las palabras reunidas que nos conforman en ese instante del recuerdo y que están surcadas de cuerpos con el rocío del sueño camino del mundo. No vengáis. Quedaos donde estáis, en el mismo límite de un asentimiento o una duda. No vengáis.
30 marzo 2008
HOSPITALIDAD
25 marzo 2008
Este viernes en LA FUGA
por allí.
Luis Melgarejo (La Zubia, Granada, 1977) ha publicado hasta la fecha dos libros de poesía: Libro del cepo (Hiperión, Madrid, 2000), con el que obtuvo el XV Premio de Poesía Hiperión, y Los poemas del bloqueo (Granada Literaria, Ayuntamiento de Granada, Granada, 2005), título merecedor del II Premio de Poesía Zaidín-Javier Egea. Ha sido antologado en Nuevas voces de la literatura en Granada (Los Papeles de la Cuadra, Granada, 1998), Un siglo de sonetos en español (Ed. Hiperión, Madrid, 2000), 25 poetas jóvenes españoles (Ed. Hiperión, 2003) y Andalucía Poesía Joven (Ed. Plurabelle, 2004).
Aporta textos y voz a Subdesarsur, grupo de música y poesía que forma junto al compositor y guitarrista Esteban Jusid. Con esta propuesta escénica ha actuado en auditorios y festivales
–musicales, literarios, multidisciplinares…- de diferentes lugares del país.
Vive en su pueblo, donde ofrece bienaventurado cobijo y albergue en su “Casa con libros”, hospitalario alojamiento rural. Para saber más de su trabajo:
http://www.rebelion.org/cultura/040408me.htm
http://www.nodo50.org/mlrs/weblog/pivot/entry.php?id=356
LA FUGA LIBRERÍAS
C/ Conde de Torrejón, 4, Acc.
41003 · SEVILLA
Además, el día siguiente, Sábado 29 de Marzo, a partir de las 22:30 h, y para continuar con la invasión del Oriente, el grupo granadino LA BARCA DE SUA estará en concierto en la Sala Malandar (c/ Torneo, 43, Sevilla) para mostrarnos su singular propuesta musical, por el módico precio de 5 €.
Lo hará con un espectáculo multidisciplinar en el que intervendrán como invitados especiales un puñado de artistas: actores y actrices, músicos, videocreadores, los poetas de La Palabra Itinerante, artistas plásticos…
17 marzo 2008
MANSO MONARCA DEL CORAZÓN
Creían que rugían y bufaban de esfuerzo.
Hace mucho dieron zarpazos/ obtuvieron su ración.
Fue una jaula/ El aro de fuego
no derogaría el salto.
Creen que rugen y bufan
de cansancio.
En las fauces del domador
acomodaron las cabezas.
05 marzo 2008
LOS INCENDIARIOS
A la luz del fuego son hermosos. En medio del fragor de los derrumbamientos semejan dioses. Su voz, cuando se sobrepone a los clamores de las víctimas, suena como una música terrible. Los miramos a través del miedo, del dolor o de la desesperación y nos parecen de elevada estatura, jóvenes, vigorosos, seguros de sí mismos, espléndidos, audaces, turbulentos, heroicos, quizá despiadados. Pero después que las llamas se apaguen, después que el humo se haya disipado y la multitud se disperse, los veremos hurgar en las cenizas con un bastoncito. Sin la decoración de las catástrofes son viejos, feos, sucios, escuálidos, tienen mal aliento y los ojos empañados de catarata, visten ropa raída, les falta un brazo o una pierna, escupen fétidas salivas. Y si intentamos buscar entre los escombros los restos torcidos y chamuscados de nuestras riquezas, ellos nos golpearán con el bastoncito y cacarearán un vocabulario de comadre a quien le roban en el mercado sus hortalizas.
LOS ANIMALES DEL GÉNESIS
Recién expulsado del Paraíso, Adán hizo una aparición una espectacular entre los animales. Todos reconocieron en él a una criatura más poderosa que los demás habitantes del agua, del aire y de la tierra. Pero mientras algunos corrieron a someterse, otros, orgullosos de su libertad, prefirieron mantenerse apartados. A estos últimos Adán los llamó fieras salvajes.
IMPOSTURAS DEL SEÑOR PEROGRULLO
Nadie podrá cazar al dragón: visto de cerca, el dragón ya no es dragón.
Moral: castidad del impotente.
A la hora de los festejos, los héroes están en las tabernas, en los lupanares y en los garitos.
Dios es para mí, lo que la redondez de la tierra para el arquitecto
Primero el terror, después el sacerdote, después el templo, por fin los dioses.
Altruismo del envidioso: no busco mi provecho, sino el perjuicio de los demás.
El imán humilla al hierro. Es una teoría sobre el amor
Toda revolución quiere ser la última revolución.
Los ciegos apagan la luz.
Soliloquio: amarme es conformarse con poco.
Si quieres vengarte de tus enemigos, haz correr la versión de que son amigos míos.
Mi culpa marcha tan lenta que siempre la alcanzan el perdón y el olvido
He descubierto que Eros no tiene hígado.
En el Salón del Trono las amantes del rey mueren de un ataque de risa.
Los dulces ríos fluyen en socorro del mar salado.
Llámame idealista: te busco donde sé que no podré encontrarte.
Para ser Narciso hay que ignorar que el rostro reflejado en la fuente es el propio rostro.
Paradoja: los aforismos me aburren.
Moraleja de todas las fábulas: el hombre es un animal.
29 febrero 2008
Servidumbre de paso
y la amenaza, el furor enquistado
en la entraña más oculta para el asentimiento.
Un orgullo acechado por el hambre
y un latido con el sabor del cimarrón.
Heredaron un dolor que se bebió las dudas,
una pregunta jaspeada de cansancio
y desvalida ante la furtiva verdad.
Heredaron la servidumbre del paso,
el camino vedado y el consuelo
de las noches juntos, las bodas sencillas y el fuego
justo antes de los hogares rotos,
pero acogedores aún.
27 febrero 2008
26 febrero 2008
Manhattan- John Berger
Como idea moral, com abstracción, Manhattan tiene un lugar en la mente de todos. Manhattan representa: oportunidades, el poder del capital, el imperialismo bralnco, el glamour, la pobreza; todo depende de la visión del mundo de la la persona que piense en ello. Manhattan es un concepto. También existe. Al andar por sus calles, el visitante se queda asombrado al principio por la fuerza y la debilidad e sus fantasías previas. Y de este asombro surge una paradoja. Son al mismo tiempo calles soñadas y las calles más reales que haya visto en su vida (no ofrecen nada detrás de lo que hay).La gente come a todas horas, en todas partes. Las recetas proceden de todos los rincones del mundo. Pero en Manhattan la comida es lo que uno se mete en la boca, aquí y ahora, e ingiere. No es nada más. A los inmigrantes debió de llevarles un largo tiempo aprender esto. Comer aquí es un modo de consumir privado.
La charla está por todas partes. Charlar. Sacar. Charlas con cualquiera que se aparte momentáneamente de la masa. En medio de la masa, charlar con quien esté a tiro en ese momento, si está solo, en alto consigo mismo. La charla trata directamente de lo que se le pasa a uno por la cabeza en ese instante. Lo que está sucediendo dentro se construye de inmediato fuera con palabras. Y esto actúa como una protección.
¿Cómo protege la charla? No de la forma obvia. No es un llamamiento a la compasión o al trato considerado. Mejor nos preguntamos: ¿contra qué protege la charla? Contra el espacio entre la primera persona y la siguiente. Este espacio lo crean las esperanzas. Las del otro y las de uno mismo. Es un espacio vertical, una oquedad cortada a pico.
Al igual que los ascendosres, las esperanzas, para subir, precisan de su propio hueco. Es fácil caerse por uno de estos huecos. Es la caída en el olvido. La charla es un antídoto contra el olvido. Nadie puede caer mientras está hablando con alguien; las palabras se agarran contra las paredes del hueco y sostienen arriba al que está hablando. La caída sucede en silencio.
Lo que uno esperaría que sucediera en el interior, aquí sucede en el exterior. No hay interioridad. Puede haber introspección, culpabilidad, felicidad, pérdida personal; pero todo esto emerge y sale a la superficie en forma de palabras, acciones, hábitos, tics, que se convierten en hechos que tienen lugar en todos los pisos de todos los edificios. No se trata de que todo pase a ser público, pues esto sugeriría que no existe la soledad. Más bien, cada alma se vuelve del revés, pero continúa sola.
Volver a callejear. Un setenta por ciento de la vivienda tiene más de cincuenta años. Los depósitos de agua, aislados con planchas de madera, están fuera, sobre los tejados. En las aceras, a unos centímetros por encima de la altura de las cabezas, se apilan las escaleras de incendio aferradas, como anclas, por fuera de los edificios, de modo que las calles se convierten en estrechos pasajes bordeados de hierro calado. En las plataformas de estas escaleras de incendio hay mujeres y niños que duermen, como en un cuarto de estar. Cada ejemplo tiene su historia específica (el abastecimiento y la presión del agua, las regulaciones contra incendios establecidas en el siglo XIX, las altas temperaturas que se sufren en verano cuando no hay aire acondicionado), pero en cada caso se trata de reducir los márgenes económicos a su mínimo absoluto en favor de un mayor beneficio, una mayor expansión; y en cada caso, la consecuencia es que se deja fuera lo que en otras partes está normalmente dentro. Los grandes rascacielos de cristal, encendidos por la noche, demuestran el mismo principio y lo elevan al rango de la mitología: su iluminación interna se convierte en la característica dominante del medio exterior nocturno de toda la isla.
El principio es espiritual y físico a un mismo tiempo, o, para decirlo con mayor exactitud, al negar la interioridad, hace de lo espiritual una categoría de lo físico. Y eso se aprecia en las caras de la gente.
(...)
Sería incorrecto decir de Manhattan es el escenario más puro del capitalismo moderno. Menos de
Algunas ciudades de la coste oesta afirman hoy ser más modernas que Nueva York. Pero todas ellas carecen del elemento histórico que constituye un acicate esencial para la energía creada y exigida por el capitalismo. La memoria de los muertos ronda Manhattan, Al nivel de la calle, salvo frente los escaparates del centro (en donde se puede soñar con un futuro personal), uno camina por entre el cieno y las cenizas del pasado. La continua necesidad de expación económica del capitalismo requiere la existencia de un temor subjetivo a que, si uno no avanza lo suficientemente rápido, el pasado puede reivindicar lo que es suyo y vengarse; requiere que los trabajadores miren hacia atrás con miedo de su propio pasado.(...)
Todas la esperanzas abandonan a la persona o la atrapan para llevársela con ellas en su ascenso. La inmensa mayoría nunca ve cumplidas sus esperanzas. Pero casi todos descubren que, al igual que sus antepasados no podían volver a la tierra que habían emigrado, ellos mismos no pueden hacer que retorne a sus personas el poder de su propia voluntad. Manhattan está habitada por unas gentes resignadas a verse diariamente traicionadas por sus propias esperanzas. De aquí procede su incomparable ingenio, su cinismo y lo que se ha dado en tomar como su realismo.
Y, sin embargo, el realismo no resulta confirmado por el lugar en sí mismo. La neutralidad u "objetividad" del entorno físico ha desaparecido. Se ha proyectado en él demasiado. Las esperanzas o la desilución han creado prejuicios a favor o en contra de todas y cada una de las partes de la isla, por muy geoétricas que sean, por muy gastadas que estén. Es como si la isla fuera un sueño o una pesadilla vista simultáneamente por cada uno de sus habitantes. He dicho que aquí no hay nada simbólico. Pero el simbolismo de los sueños es sólo tema de especulación al despertar. En un sueño no hay simbolismo; todo es lo que es. Solamente lo que es. Pero, sin embargo, en los sueños todas las cosas dan la cara a la persona que está soñando: en el sentido de que nos dirigen a ella tan directamente como si fueran sentimientos internos. En Manhattan no hay un exterior que no tenga una cara en este sentido; no hay, por consiguiente, un exterior que pueda tranquilizar. Los millonarios trataron de compensar esa falta de tranquilidad con las superficies de las obras de arte, los objetos, los edificios traídos de Europa; superficies en las que la personalidad y la historia vuelven a estar diferenciadas. Para los que no son millonarios, no hay nada fuera en donde vivir.
(...)
En la historia del capitalismo, Manhattan es la isla reservada para quienes están condenados por haber esperado demasiado.
1975
Del sentido de la vista, Alianza Editorial.
