12 marzo 2017

Una buena cashetá a tiempo

¡Qué afán tienen de crear problemas donde no los hay! Cuántas veces lo habré repetido este año y medio de infortunio y despropósitos, de desgobierno y de lío: antes del Kichi esto no pasaba.
     —No pasaba: te lo digo yo.
    Y pobre exalcaldesa. Ahora tiene que enmendarle la plana a una de esas niñatas respondonas de un sindicato de estudiantes. A una que tiene la poca vergüenza de afirmar, en una comisión, que los parlamentarios se enriquecen gracias a la política. Los suyos no, los otros. Una de esas que seguro se ha criado en los valores de "la ideología de género" y progresías variadas que se inoculan en los colegios públicos.
         —Que no te engañen...
  ¿Tú te crees que antes te iban a mandar una carta como la de los colegios públicos? Antes, desde el ayuntamiento, te mandaban información veraz y a todo color para dar respuesta y acallar a los pamplinosos con lo del agua contaminada de Loreto. Todo bien explicadito. A todo color con la Verdad.
   —¿Digo mentira?
   —Y programaciones culturales con la fotito de la regidora sonriendo.
    ¿Por qué ahora nos sermonean con estas pamplinas de elegir un colegio que no da prestigio social? ¿A qué viene a mandarle a mi cuñao una carta diciéndole que lo que tiene que hacer es llevar a su niño al colegio que ellos digan?
      —¡Vamos hombre!
     A mí que no me vengan con adoctrinamientos, con cartitas bolivarianas. Es que es como si estuviéramos en Venezuela. Y ya sabemos que ya están empezando a amenazar a periodistas, ¿eh? A esas hienas. Y encima se indignan cuando alguien les dice a verdad a la cara.
    —Porque son unos sectarios contrarios a la libertad que piden de comer pero luego tienen Twiter.
   Mira. Los niños no sólo deben llevar brazaletes para distinguirse, sino también uniformes diferentes. Los del colegio público, claro. Porque los otros ya los llevan. Y bien que hacen. Unos uniformes de tela de saco o sambenitos. Para que cuando haya dos colegios cercanos se sepa diferenciar a simple vista cuál es la gente de bien, la que va a aportar al país, esa gente que sabe lo que votar para el progreso, la que va a emprender, la que va progresar. Que sabe elegir bien. Y la que no.
      —Y raparlos.
    Los colegios públicos: esos centros de adoctrinamiento humano en los que apenas se respetan los derechos de las creencias de toda la vida, donde se impide que se canten villancicos, donde no hay clases de religión y hay niños que no han hecho la comunión.
    —Nuestras tradiciones.
   Donde se le ponen pegas a los comedores desde AMPAS levantiscas, hay absentismo de los maestros, donde se cuestiona todo, donde se ensucia las cabezas de la pobre gente con ideas de igualdad, esa que ha nacido para ser fontaneros, camareras de piso, barrenderos, camareros.
 Lo que yo te diga: no sólo brazaletes para los niños. También para los padres. Porque hay que diferenciarlos bien a la vista. Porque seamos claros: los niños de esos colegios, pobrecitos míos, pronto dejarán de estudiar debido a su alto fracaso escolar. Y tendrán que irse acostumbrando a esos trabajos a los que están destinados porque así lo quiso dios. Porque, te lo digo yo, cada uno nació para ser una cosa en la vida, y no se puede envenenar con ideas miserables de igualdad de oportunidades a la pobre gente, a esa gente trabajadora que sólo quiere vivir tranquila. Porque de esos colegios es de donde salen niñas como la pobre que se escapó de un centro de menores embarazada para casarse con un delincuente. Te lo digo yo.
      —Que no te engañen.

  Que luego pasa lo que pasa y los colegios públicos se convierten en madrasas en los que no se respeta lo de las peras son peras y las manzanas, manzanas. Acaban siendo refugios de esa gente que ni maneja la lengua castellana y viene a robar. O a estar todo el día metío en su tienda. Y que saben nadar y no acabaron como el niño de Barbate. Qué pena, sí, pero es que a quién se le ocurre emigrar con un niño pequeño pudiéndolo dejar morir de hambre en su país tercermundista. Para qué están las misiones.
    ¡Y los que siguen estudiando! Esos tienen papeletas para convertirse en radicales antisistema que acaban trabajando en la estiba, ese sector tan privilegiado. O siendo feministas y criticando cositas tan apañás para el día de la mujer con muestras de peinados, el cuidado de los pies y los trajes de flamenca. Son los que estudian en esos colegios los que luego te quieren cambiar el nombre de las calles, poner banderas anticonstitucionales o del lobby gay, esos que quieren buscar subvenciones para escarbar en las cunetas, esa gente que sólo quiere remover el pasado para ser revanchistas.
     —Que todo fue una confrontación social.
     Son los que se educan en un colegio público los no tienen miedo a disfraces de mamarracho. Claro, luego pasa lo que pasa. Y es indignante verlos ahí como sarasas. Y la gente pierde los papeles ante tanto lobby gay y tanto mariconeo. Porque un corista es un corista no una maricona que canta con plataformas.
     —Eso es así.
    Porque es la misma guantá de La Carpa la que la exalcaldesa le debería haber dado a la del sindicato de estudiantes. Que así aprendí yo el respeto a la gente de bien. Así te lo digo: donde se ponga un buen cosqui a tiempo ante una falta de respeto no hay pedagogía que la supere. Mano de santo para la gente como yo, personas humildes que pagan sus impuestos, que no se cree mentiras, que quiere llevar a su hijo a donde le da la gana, bueno, ahí donde pueda codearse con los que van a mandar y no a colegios de pobres.
     —Que no nos engañen.

20 febrero 2017

Antonio



David Monthiel






           Recuerdo imágenes deslavazadas. La expectación, los repertorios-trámite, el ambigú de los comeorejas y de las huídas frente a repertorios apolillados, las miradas desde el palco, los de arriba mirando a los de abajo, la platea atenta a los tornavoces, las autoridades mirando el móvil, los reporteros charlando entre ellos, el paraíso con su maquinaria de diversión, peticiones de saltos de masai para famosetes o presentadores de los palcos. Y luego invitaciones:


          —Que se tire, que se tire.

          Algo me va a pasar, cantaba el grupo Flamenco de los hermanos Garrido. Y pasó.

          La voz atombolada anuncia la comparsa. Hay hambre de repertorio. Se trufan palmas a seis por ocho con un ole en el acento. Las luces de sala se apagan. Sólo se ve la delgada línea de portátiles del foso. El telón se alza. Una luz desde el fondo del escenario, esa luz que aseguran que se ve cuando llega la muerte, el último aliento. Pero es una muerte que, en su tránsito, va a cruzar la puerta de la Caleta, una de las entradas a ese paraíso metafórico llamado Cádiz. El comienzo se demora hasta que el chorreo escalonado de frases de ánimo, motes y nombres de conocidos, gritos y pamplinas se apaga con paciencia de siseos e imperativos.

           —Callarse ya, carajo.

     En cuanto los guitarristas encuentra un hueco de tres segundos, suenan los golpes del compás. Las guitarras, la caja y el bombo se ponen en marcha con el afán introductor de una máquina comparsista. Las voces truenan.

      Tacita, Cádiz tenemos toda la eternidad.

     El verso posee esa capacidad de continuar un discurso, como si no sólo se debieran engarzar los cuplés sino que hay que enchampelar las comparsas, las músicas en un todo que desciende en espiral. El carnaval no es una rueda que gira, no es el eterno retorno. Porque lo que se canta se repite, pero de otra manera, en otro plano. Lo que se canta está en la memoria pero también en el aquí-ahora, sucediendo. El teatro encaja el golpe y parece impulsado por una fuerza telúrica, un guiño, unos pasos atrás en la espiral del concurso. Es el final del año pasado. Y ruge, aplaude, se emociona con un final que es un principio.

     Sobreviene un silencio de cinco segundos. Cinco segundos. La vida es eterna en cinco segundos. No pasa nada y pasa la muerte, la muerte en cinco segundos La armonía vocal mece al público, que ya se ve en la barca entre las olas, que ya está entrando en esta eternidad que los Carontes presentan. Se atropella la letra en la percepción, una acumulación digna del estilo de Ares. Cambia la tonalidad, las voces que empiezan a tañer con una fuerza desoladora y exacta. Abre tu puerta al barquero. El bombo llamando a la puerta. Ya se acerca al final de la presentación.

            Cada vez que te canto, me resucito.

        Tras la primera ola, empezamos a asimilar toda la información, el tipo, el Caronte, el sombrero, el maquillaje, el forillo bajo el sino de los jaleos, los ánimos. Y los ojos siguen enumerando: las monedas, los collares. El Falla, que es el mundo ahora, espera ansioso el primer pasodoble. Aguarda a que la vieja música de Cádiz regrese, vuelva a sonar una vez más, vuelva a espolvorearse sobre los recuerdos y las melodías conocidas. Las guitarras comienzan a sonar y es un murmullo, una melodía sin letra. No hay pitos. El punteao se dobla, adquiere compás de metrónomo del tiempo que pasa, de la carne que se ahoga en el tiempo.

          La procesión que va por dentro, la memoria de los pasos, los vivos y los muertos. Es el martillo del levante. Primera parada, y una bajada que es pianto. El trío, en mayores. Una lunita cambemba arañando la bahía. La comparsa parece cantar al límite del tono. Cambio a menores. Aparecen los coros que acompañan los severos versos de los ojitos desahuciados. El público se aturrulla con la multitarea. La comparsa toma aire, fuerza. Y suenan los pitos, al final, en tres voces. Y la orquesta canta. Una fuerza inusitada, la pena y la alegría, el cante que viene del dolor. Aplausos. Gritos. Vellodepuntódromo defcon 2.

            —Dio, colega.

            Muchos han perdido la letra, asimilan la música que es compleja, pero saben de las tres partes del pasodoble, que los pitos están al final, como la muerte. Primeros oles y palmas. El Falla anhela que el segundo crezca dentro de sí para asimilar, para degustar otra vez esa música que acaban de conocer.

         El segundo se pasea por caminitos hollados. El empaque de lo conocido, de lo visto. Pero aún inaprensible. Aunque  se puede apreciar mejor la aspiración de reloj de la caja y el punteao. El barquero nos cuenta una historia. Un muchacho, un regreso. Se reconoce el estilo, las formas, los recovecos de la música que describe la derrota. La historia se va terminando, un drama, vuelvo pero derrotado.

         Aplausos. La comparsa respira hondo. Se les ve tensos, extenuados. Pero bebe, se refresca la garganta. Sonríe.

         Pitos de cuplé. La solemnidad de la derrota, de la crisis, de la muerte, da paso al cachondeito. Curiosidades, derrotismos sobre el regreso del autor. Metacarnaval. El forillo, el coreao. Diálogos y epítetos en la forma. Un remate y al estribillo. Sencillo. Una nota al pie del trabalengüismo. Una moneda en el aire. Cara o cruz. Muy dentro del estilo Ares, en el que hay una acción, tirar una moneda y la determinación de un trabalenguas que acaba en la tierra de la luz, en la luz del principio y del final. El segundo cuplé, para Trump.

        Cambio de luces. El popurrí es aún una masa de letra y música por deshacer. Una melodía nos va llevando. La construcción armónica de la primera cuarteta posee esa densidad del teclado, de un uso consciente de lo coral, del colectivo, de una comunidad que canta, y bien. Es una constante en todo el popurrí: los coros de la orquesta. Con destellos uruguayos. Sígueme.

        Presentación del personaje para el que todavía no se haya dado cuenta de que son Carontes, para aquellos a los que aún no se han percatado de lo de la luz, de las monedas, de los collares, de las calaveras y un largo etcétera. Cruza, si tienes dudas, siempre a la izquierda. La metáfora del carnaval como paraíso y fiesta. Aquí la música es más accesible, más amable a los oídos. Y cuando uno está disfrutando llega la cuarteta en la que se canta BAJITO. Como un matiz de elegancia que siempre se olvida en los repertorios chillones o aparentemente enérgicos. Y recordamos qué significa ese matiz, ese pianísimo, ese susurro. Su fuerza frente a los que pisotean por nada la publicidad de un banco. Y es el vals que se baila con un Cádiz personificado, que se inventa, que se pierde, que se busca, que se canta, que se encuentra. Para qué sepas quién eres tú. El múltiplo de la arena. La piedra que se verá horadada por los vientos de la vida. Y se hace lista de los que fueron, de aquellos que nos dejaron su nombre. Y las mujeres. Ese eres tú, en una esquinita del sur. No lo olvides.

            La cuarteta de despedida no es una despedida. Es una invitación a la Cádiz eterna. Un recitado (con lemas o mitos del teatro) sostiene un canto a cerrar las heridas. Regresa la memoria, y la consciencia de estar en la gloria. El carnaval, ese que tira los muros de Jericó, que troca las penas en alegría, que hace revivir, resucitar al que pena y nos hace inmortales durante media hora, unos minutos, una madrugada frente a dos personajazos que cantan un cuplé. Una inmortalidad que canta sus fatigas y las amedrenta. Que invoca aquello que se quedó en los estratos de la historia para llegar a la roja tierra de aquellos dos islotes que por tercera vez visitaron los semitas. Ese que habita bajo el adoquinado.

      Te quiero.

      El pase se acaba. Puntúan los del tornavoz. Comentan los que salen del teatro.

    Pocas veces me he acostado con esa sensación de viaje, pero en su acepción inglesa de tripping. Como si la foto estuviera movida, el eje de la tierra estuviera impregnado de un alucinógeno y las cosas tuvieran una capa de irrealidad. Si tiro de recuerdos: Carmen Linares en los Jueves Flamencos, The Posies en el Campus Rock, Galiana en el Festival de Música Española, Caetano en el Castillo de San Sebastián, Rocío Molina en el Falla y un puñado de experiencias psicotrópicas. Conmociones que se quedan como las pisadas en el fango de un brazo de mar entrando en la tierra.

            Y llegan los comentarios, la glosa, el jurado eterno que dicen diario. Aparecen los señaladores, los que esgrimen su "abajo la inteligencia" cuando alguien se atreve a analizar con herramientas no habituales, los que intentamos ir más allá del "pellizco", "el tresporcuatro", "la octavillita", "letra de pelo" de los comentadores del Concurso. Recurren a la acusación de pedantería cuando una decide investigar una obra carnavalesca. Pero a la vez, purita contradicción, le otorgan a la comparsa el premio del "otro nivel", del "síndrome de Sthendal", de "la otra liga". Acusan de que es de una complejidad que la aleja del acervo popular. Que no se puede cantar en la ducha.Ni en la barbacoas, que ya no existen. Como las ninfas.

            —Paridas.

            Quizá para no saber, por no querer ver qué hay detrás de la propuesta escénica y musical milimétrica. Todos coinciden en la necesidad de la revisión para poder disfrutar todos los matices. Como se leen textos trufados de detalles o de referencias. Escuchan el pase tres, cuatro, cinco veces. El youtube contabiliza la investigación.

            —Esto está a otro nivel.

            Luego vendrá la receta del carpe diem del barquero en esa competición secreta de letras que "hablan desde el sentimentalismo": la madre, la niña que da sus primeros pasos, la vida que se va y mañana el barquero puede venir a por ti.  Pero es la alusión directa a un nosotros grande, ese "pueblo" (metonimia de "participantes de un concurso") que no se calla cuando canta las verdades, cuando critica con arte y compás, cuando se lanza a la calle (esta vez del escenario-pantalla) para señalar a los ladrones, a los explotadores, a los que quieren que la eternidad de una ciudad empobrecida continúe, es ese pasodoble el que da un paso hacia lo que pudieramos intuir. A ese sunami que ninguna vírgen podrá parar. Eso sí: es una variación del tema, en clave política, del mismo que cantó la comparsa Los Millonarios, con respecto a la responsabilidad ética de los músicos locales mainstreaming con el estado de cosas que sufrimos.

            Y yo me pongo a escribir. "Que lo mismo es mañana tu último día, tu último día".

            No sé qué va a pasar este viernes.

            Pero muchas gracias Antonio.

            Arsa.


09 febrero 2017

PRESENTACIÓN EN PUERTO REAL DE CARNE DE CARNAVAL

Pérgamo Librería
C/ Amargura 44 A, 11510 
Puerto Real

El acto será presentado por José Enrique Izco Reina, artista y carnavalero.

31 enero 2017

PRESENTACIÓN DE "CARNE DE CARNAVAL"

El miércoles 8 de febrero a las 19:00 horas en la Biblioteca Provincial de Cádiz (Av. Ramón de Carranza, 16) se presenta (por fin) "Carne de Carnaval" (El Paseo, 2017). 
Intervendrá el magnánimo y ubérrimo Juan José Téllez.
La libería Manuel de Falla llevará libros por si alguien quiere adquirirlos allí.
El acto está dentro del ciclo Letras Capitales del Centro Andaluz de las Letras.
Espero que nos veamos allí. Echaremos un rato bueno. Salud! 

19 enero 2017

Carne de Carnaval en los medios



Carne de Carnaval (El Paseo) - RNE, 26 de febrero de 2017

 Monográfico de "Historias de papel" RNE de Manuel Pedraz sobre Carne de Carnaval (El Paseo) - RNE, 26 de febrero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Se ha escrito un libro (RNE Cádiz)

Entrevista al escritor gaditano David Monthiel sobre su novela "Carne de Carnaval" en Radio 5 de Radio Nacional Cádiz.

 Carne de Carnaval (El Paseo) - RNE (Artesfera), 24 de febrero de 2017

 Monográfico dedicado en Artesfera (RNE) a Carne de Carnaval (El Paseo) - RNE (Artesfera), 24 de febrero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - La Nueva España, 23 de febrero de 2017

Excelente reseña de Tino Pertierra sobre Carne de Carnaval (El Paseo) - La Nueva España, 23 de febrero de 2017

 

Carne de Carnaval (El Paseo) - Diario de Cádiz, 5 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Diario de Cádiz, 5 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Málaga Hoy, 31 de enero de 2017


31/01/2017
Carne de Carnaval (El Paseo) - Málaga Hoy, 31 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Diario de Almería, 31 de enero de 2017

31/01/2017
Carne de Carnaval (El Paseo) - Diario de Almería, 31 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Granada Hoy, 31 de enero de 2017

30/01/2017
Carne de Carnaval (El Paseo) - Granada Hoy, 31 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Huelva Información, 29 de enero de 2017

30/01/2017
Carne de Carnaval (El Paseo) - Huelva Información, 29 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Canal Sur, 26 de enero de 2017

27/01/2017
Programa Al Liquindoi dedicado a David Monthiel y su Carne de Carnaval (El Paseo) - Canal Sur, 26 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Diario de Sevilla, 24 de enero de 2017

24/01/2017
Entrevistas con David Monthiel, autor de Carne de Carnaval (El Paseo) - Diario de Sevilla, 24 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Diario de Cádiz, 23 de enero de 2017

23/01/2017
Entrevista a David Monthiel, autor de Carne de Carnaval (El Paseo) - Diario de Cádiz, 23 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - La Voz de Cádiz, 23 de enero de 2017

23/01/2017
Entrevista a David Monthiel, autor de Carne de Carnaval (El Paseo) - La Voz de Cádiz, 23 de enero de 2017
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Carne de Carnaval (El Paseo) - Papel en blanco, 19 de enero de 2017

19/01/2017
Reseña de Carne de Carnaval (El Paseo) - Papel en blanco, 19 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Cadena SER, 15 de enero de 2017

17/01/2017
Carne de Carnaval (El Paseo) - Cadena SER, 15 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - Canal Sur Radio, 16 de enero de 2017

17/01/2017
Entrevista a David Monthiel, autor de Carne de Carnaval (El Paseo) - Canal Sur Radio, 16 de enero de 2017 (min. 31:40)

Carne de Carnaval (El Paseo) - elconfidencial.com, 15 de enero de 2017

16/01/2017
Carne de Carnaval (El Paseo) - elconfidencial.com, 15 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - La Razón,16 de enero de 2017

16/01/2017
Entrevista a David Monthiel, autor de Carne de Carnaval (El Paseo) - La Razón,16 de enero de 2017
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Carne de Carnaval (El Paseo) - eldiario.es,16 de enero de 2017

16/01/2017
Carne de Carnaval (El Paseo) - eldiario.es, 16 de enero de 2017

Carne de Carnaval (El Paseo) - La Vanguardia, 15 de enero de 2017

16/01/2017
Carne de Carnaval (El Paseo) - La Vanguardia, 15 de enero de 2017


Carne de Carnaval (El Paseo) - EFE, 15 de enero de 2017


16/01/2017
Carne de Carnaval (El Paseo) - EFE, 15 de enero de 2017