14 mayo 2016

LOS CRÍTICOS




 Publicado originalmente en El tercer puente.

David Monthiel


            Hay una escena en La huelga de Sergei Eisenstein en la que la patronal, mediante su brazo armado, acude al lumpen, a los golfos, para romper la huelga y provocar sabotajes. La artimaña se resuelve con un violento incendio de una destilería, el agua de los bomberos cayendo sobre los huelguistas y la detención de los cabecillas.
            Como si fuera el turno de "la farsa" del viejo adagio de la repetición de la historia, entran en escena —la política gaditana, la aprobación de los presupuestos— los golfos y los críticos.
            Para que usted los reconozca, señora, los golfos son los que veneran, aplauden y convierten en incomprendidos héroes al lumpen que le canta las cuarenta al alcalde de Cádiz en los plenos. La farsa: la provocación consiste en intentar golpear simbólicamente con la música y las letras que el alcalde mismo defendió. Los golfos, señora, aseguran que "todos los políticos son lo mismo", quejándose de que "no miran por nosotros". Desde mi punto de vista, este lumpen no representa a ninguna comunidad política. Solo al vacío ético, a la desposesión que se ha llenado de tele, consumo y desmemoria. Están dispuestos a todo. Ahora tienen voz. ¿Qué voz? La del poder. Amplificada, puesta a todo volumen.
            Los críticos son aquellos que hablan de "populismo sureño" y de "igualitarismo  envidioso". Son los que recurren a los miedos populares del extremismo de la Confluencia y susurran a las viejecitas "Venezuela" cuando pasan por su lado. Si la dinámica de la provocación sigue por la vía de la performance, pronto los críticos empezarán a llamar a los golfos "oposición". En cuanto saboteen un acto del alcalde o rastreen un agravio ante las demandas de los golfos. Se les dará cancha en las páginas impares. El vídeo de la performance se hará viral impulsado por esa criticidad amparada en la "libertad de expresión". Como se calificó —y se premió— a golpistas antidemocráticos. Como los talibán fueron "freedom figthters". Y tantos etcéteras. Sí, señora, esos mismos medios en los que al lumpen siempre les toca el papel de chavs en truculentas noticias. Ya no les tocará ser un tópico del que reírse, burlarse. Habrá una tregua. No se les analizará como entomólogos. Se acabará el Lombrossismo de la noticia de sucesos.
            Los críticos, más cultos, sibilinos y a sueldo, también usan el viejo recurso de las opiniones tratadas como noticias para la desestabilización. Un poné. La noticia de opinión firmada sobre la carta del alcalde es un ejemplo claro de este criticismo barato, sin ataduras, derrotista a la máxima potencia. Crítica de alguien que escribe en un grupo mediático que intenta, desde su posición de poder, perturbar a un gobierno legítimo. Como en Venezuela. Lindezas como esta pasan por noticia:
            Para demostrar su contrariedad severa con la actuación de los grupos de oposición el primer edil no eligió lo que hubiera sido una reacción al uso, al buen uso democrático. Antes que comparecer en una rueda de prensa, por ejemplo, y someterse a las preguntas y petición de aclaraciones de los representantes de los medios (también de los denostados por su formación) el alcalde eligió una vieja fórmula. Una fórmula similar a la del comunicado sin preguntas y las comparecencias televisadas en plasma de su enemigo Rajoy, y a las encendidas alocuciones de  'Aló presidente' de su más admirado Hugo Chávez. 
            Lo más interesante del caso es que, en la entradilla de la noticia (y acompañada de una foto del alcalde con las manos juntas, como si rezara), el periodista describe la misiva como "mesiánica". Como si el alcalde hubiera perdido la chaveta, le hubiera dao un siroco, tuviera una corgaera transitoria o fuera un iluminado que no está normá.
            Magistral, la farsa.
            No sabe el periodista, o escamotea, que el meshíakh es el consagrado, ya que se ungía la cabeza con aceite (meshakh). Desde una lectura política (porque ya dijo otro mesías que "la crítica de la teología es la crítica de la política"), esto significaba la exclusión del mesías de las funciones cotidianas para consagrarse al servicio del pueblo. El Mesías es entonces el ser humano que ejerce un liderazgo comunitario por medio de una acción "peligrosa" en nombre del pueblo "oprimido" (como la viuda, el huérfano, el pobre, el extranjero del Código de Hammurabi). Su misión es dar de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo y cumplir con otras necesidades humanas fundamentales, relacionadas con la vida, y por ello dicha vida es el contenido de su mandato.
            El fundador (como lo llamaba Horkheimer) del cristianismo acabó como acabó. En la silla eléctrica de aquel tiempo, como bien vio Bill Hicks. De mesías pasó a salir en Semana Santa. Actor en la representación mítica de aquellos que son esclavos, porque matan a los justos por las mismas razones que honran a los héroes. Quizá el periodista no sabe que la traducción del hebreo al griego, qué casualidad, señora, de mesiánicos es cristianoi. Los cristianos son mesiánicos.
            Así que, sin comerlo ni beberlo, se trata de un adjetivo justo, de un acierto, usado de forma invertida. Y nos quedamos con cara de tontos, como aquellos que observan el Pantocrator y saben que le han escamoteado, han invertido, aquello de "bienaventurados los pobres de la tierra", mientras la curia se pone púa y es rica. Y que a partir de ahora se llevará al cadalso al que contraríe las ideas del que murió por nuestro pecados o del que intente parecerse a Dinamarca. Y a callar tolmundo. La farsa, again.
            Será por ignorancia, por falta de ética o de recursos. Pero los críticos acaban haciéndose la picha un lío, como en el ejemplo de lo mesiánico de una carta mesiánica. Y, sobretodo, no se ponen de acuerdo: lo mismo le achacan las inundaciones de La Viña al regidor y a su gestión sobre los usillos, que están pendientes si el alcalde va en tren y hace una fotografía con su pareja. No saben si ha acudido a un concierto de AC/DC o si ha conciliado esta semana, si va a colgar del palo del ayuntamiento la bandera de Korea del Norte, o si va a reemplazar el reloj del ayuntamiento por uno digital. Eso sí, son capaces de publicar "las primeras pintadas contra el alcalde". Cuando se trata de otra performance bastante tramposa de un golfo: Bajo un contundente: CONTRA LA CARIDAD, APOYO MUTUO Y SOLIDARIDAD, alguien ha añadido, en rojo, un  Kichi fascista traidor.
            Los críticos también teorizan a la ligera: ya hablan de que existe el kichifanatismo.  El término sociológico se explica así: dícese de aquella ceguera ante las actividades antidemocráticas del alcalde. El kichifanatismo intenta cegarte, aniquilar tu objetividad, guiarte hasta el sendero del pensamiento único. No caigas en esa trampa. La democracia solo se entiende desde la pluralidad ideológica, si predominara un solo pensamiento no existiría democracia sino un sistema autoritario. Luche contra el fanatismo. Sea libre. Busque su ideología y sobre todo: lea, contraste y forme su opinión, no caigas en las redes del fanatismo político.
                El mundo al revés, señora, con lo poco que les gusta a los críticos las inversiones públicas y los invertidos. Los mismos que impiden que la ciudadanía tenga una información de calidad, lastrada por los intereses económicos, por la publicidad institucional y el claro posicionamiento político de alguien que despide a un periodista por publicar la aparición en Los papeles de Panamá de su ex mujer, son los que te ordenan que te informes y no caigas en las garras del extremismo antidemocrático, de la "envida igualitaria", del "populismo sureño". Te piden que seas crítico con "los tics autoritarios", "con el sistema opresor que el alcalde pretende imponernos". Y que, qué pena, aún no se ha materializado para así radicalizarse aún más y disparar cuando vean a Errejón por la calle. O pedirle medio kilo de acedías a la que pretendió ser alcaldesa.
            No sorprende el extraño viaje del silencio teofilista a la incontinencia en lo que ellos llaman, con falso ingenio crítico, el "kichilato". Porque estos críticos buscan, con sus críticas, la legitimación del sistema existente per se, (que creen en peligro por cartas mesiánicas o la demoníaca Confluencia) con argumentos tautológicos extraídos de la deontología del tertuliano de un programa de cotilleos. La razón política de los críticos no se hace cargo de los efectos negativos de cualquier norma, ley o sistema que defienden (para eso está el parche de la caridad). Porque exigen sin peros que la racionalidad política del Alcalde sea realista, en el sentido de que su realismo le haga creyente de la aparente perfección de cualquier norma, ley o sistema que se atribuyan tal propiedad. Para eso están los golfos, para demostrar que el alcalde no piensa en ellos. Quieren que acepte que 20 años de teofilismo han sido los mejores para la ciudad y que, haga lo que haga, nada podrá compararse con la destrucción sistemática de una localidad. Porque las dificultades de sacar adelante los presupuestos no son causa, para los críticos, de efectos negativos y adversos para la comunidad política más débil. Los críticos concluyen: “Todo sistema tiene sus víctimas, eso es así, y si hay víctimas, están de nuestra parte”. "Y a pelarla", "es lo que hay". "Así son las cosas".
            La farsa, señora.
            No caer en las provocaciones exige un esfuerzo grande. Responder a cada una de las mentiras, presentadas como críticas, impide el desarrollo de nuestro verdadero trabajo. Impide ser materialistas mesiánicos en su sentido más profundo: el de ser justos con el desahuciado, con la parada de larga duración, con el falso autónomo, con los de las colas para la caridad del hidrato de carbono, con los cuarenta mil exiliados del teofilato, con el saqueo de las cuentas del Ayuntamiento. Son maniobras de distracción, provocaciones desestabilizadoras como las de "El Rey" de la película de Eisenstein. Es quemar una destilería y apagar con agua a las masas. Es la vieja política chirriando de miedo, estulticia, clasismo y podredumbre moral.
            Nos queda mucha farsa.
            Pero nunca nos callaremos, queridos críticos. Recordad Stalingrado.

29 abril 2016

Las banderitas republicanas



No. Siento contradecir a los apátridas, a los “habitantes del mundo”, a Rupert Murdoch y a Hayek. No arde igual la bandera republicana que la bandera monárquica. No es lo mismo ser iraquí que estadounidense, ser boliviana que estadounidense, ser vietnamita que estadounidense, ser indio que inglés, ser congoleña que belga, ser tupi guaraní que español.
No sólo necesitamos reivindicar la memoria democrática de aquellos y aquellas que defendieron la legalidad, recordar y abrir las cunetas llenas de muertos, descubrir placas con los nombres de los que tacharon y borraron los sediciosos. Sino también reconstruir la historia, ese relato del que siempre desaparecemos. O aquello de en el fresco soy una de las figuras del fondo. Ahora viene la cita, porque “tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”.
Un poné: ¿Qué tal si le quitamos la R y la E a aquella mítica conquista de un territorio que nunca perteneció a ningún país llamado España? ¿Y si seguimos con el análisis sobre las características de esa invasión?: un nuevo territorio en el que el que fuese diferente era aniquilado físicamente o expulsado. Epistemicidio, exilio, desarraigo, una sola fe, una sola lengua. ¿Eran aquellas prácticas imperialistas las que luego se usaron en la conquista, invasión, expolio de aquel territorio que los indios cunas llamaban Abya Yala y sobre el que REPSOL cree mantener un derecho de pernada inalterable a pesar de la independencia y de los libertadores?
¿Pasa eso cada día en Palestina?
Tirando del hilo podríamos llegar a esa bandera que ondea frente al muelle y a su historia. ¿Es esa que cambió un aguilucho por el emblema borbón? ¿Es la misma que vemos en pulseritas, en politos, etiquetas, en correas de perro? ¿Es aquella que representa el orgullo patriota frente a los nacionalismos menos buenos? ¿Son esos patriotas los que aparecen en papeles de paraísos fiscales? ¿Son los mismos que impugnan el izado de la tricolor? ¿No sería más coherente que mostraran en sus pulseras banderas de Panamá o de Suiza?
El concepto de nación que manejan muchos patriotas ¿es estrecho?, ¿es heredero de aquel que se forjó en la conquista de Al Ándalus: una religión, un idioma, un sólo acento, una bandera, un equipo de futbol, un sólo sentido común, un sólo columnista de opinión preocupado porque el país se rompe? ¿No es verdad que esos patriotas son los que la ilustrada Europa Central llamaba y llama vagos, corruptos, perezosos? ¿No recuerdan los patriotas aquello de “África empieza en los Pirineos”? ¿Es la realidad plurinacional del estado tan ignorada y ocultada como el dato estadístico que afirma que la gente enferma y se muere más en La Viña y Santa María que en Bahía Blanca? ¿Estaré idealizando como “tierra sin mal”, como hacían los tupa guaraní , la República?
Demasiadas preguntas para un panfleto que “está con el retrovisor de la Historia constantemente y mira al pasado“, ¿verdad? Analicemos. A ver. He usado todos los tópicos del perro flauta extremista (vulgo “rojo peligroso)”: “memoria democrática”, “legalidad”, “cunetas” “sediciosos”, “Al Andalus”, “Panamá”, “Suiza”, “plurinacionalidad”. He citado a Walter Benjamin y el principio deQ, novela panfletaria donde las haya. He osado poner en cuestión el relato del “descubrimiento de América”. He criticado la política económica de una de Nuestras Empresas a las que los dictadores no dejan trabajar en paz.
Una ordinariez.
Ahora sólo me falta denunciar la violenta forma del establishment y de los editorialistas de recibir estas críticas. Y me gano un editorial o la mofa de uno de sus opinadores:
—Porque todo el que critique las apariciones en papeles de empresas offshore y pida dimisiones, censure los safaris, cuestione la monarquía, la cría de toro bravo, señale los intereses de la prensa comercial por desestabilizar a una corporación municipal, o quiera homenajear a representantes públicos fusilados por sediciosos es expulsado al CIE “Zona del no ser”, en estrictos términos de Franz Fanon. Y da comienzo la desfachatez de los intelectuales patrióticos: “va contra la libertad de expresión”, “es un nazi”, “o una feminazi”, “se financia por Irán o Venezuela”. “Es un vago, perezoso, corrupto o un resentido”. “Alguien que vive del PER”. Y en las series de televisión sale haciendo de criada o de gracioso. O incumple la ley homenajeando a gente que nadie recuerda.
La desmemoriada versión 3.0 es una declaración de un representante político: “Con los problemas que tiene la ciudadanía la polémica es una ofensa a la inteligencia”Y un contencioso administrativo por izar la bandera.¿Podemos analizar a fondo estas dos versiones de bloqueo a la memoria? ¿Podemos medir la celeridad del juez para dar orden en el cronómetro de la Historia?
No. De momento.
Por eso es importante que la tricolor haya ondeado en el ayuntamiento de Cádiz. Aunque sólo sea por una horas. Se lo debemos a los muertos. Y a este país.
Publicado en El tercer puente.


24 diciembre 2015

Lista 2015






1. Los muertos siempre pierden los zapatos, Raúl Argemí
2. No habrá final feliz, PIT II
3. Adiós Madrid, PIT II
4. La cola de la serpiente, Leonardo Padura
5. Voces en Ruidera, Francisco García Pavón
6. Casse Cash, Klozt
7. Roseanna, Per Wahlöö y Maj Sjowall
8. Asesinato en el Savoy, Per Wahlöö y Maj Sjowall
9. El rojo en la pluma del rojo, Daniel Chavarría
10. El abominable hombre de Säffle, , Per Wahlöö y Maj Sjowall
11. Los mares del sur, MVM
12. Crimen en el barrio del Once, Ernesto Mallo
13. La rosa de Alejandría, MVM
14. Asesinato en el comité central, MVM
15. La soledad del manager, MVM
16. Nada, Jean-Patrick Manchette
17. Volver al redil, Jean-Patrick Manchette
18. Sin trama ni final, Anton Chejov
19. La habitación cerrada, , Per Wahlöö y Maj Sjowall
20. Anatomía del crimen, Mariano Sánchez Soler
21. Hasta aquí hemos llegado, Petros Markaris
22. Marx en el Soho, Howard Zinn
23. El asesino de policías, Per Wahlöö y Maj Sjowall
24. España y los españoles, Juan Goytisolo
25. Karl Marx, Francis Wheen
26. Autobiografía de Federico Sánchez, Jorge Semprún
27. Los pájaros de Bangkok, MVM
28. Días de guardar, Carlos Pérez Merinero
29. El ojo de la patria, Osvaldo Soriano
30. Operación Masacre, Rodolfo Walsh
31. ¿Quién mató a Rosendo?, Rodolfo Walsh
32. Cuarteles de invierno, Osvaldo Soriano
33. No habrá más penas ni olvido, Osvaldo Soriano
34. La vida misma, PIT II
35. Triste, solitario y final, Osvaldo Soriano
36. La neblina del ayer, Leonardo Padura
37. Un trago antes de la guerra, Dennis Lehane
38. La mil noches de Hortensia Romero, Fernando Quiñones
39. Diario de un fiscal rural, Tawquif Al-Hakim
40. 17 instantes de una primavera, Yulian Semionov
41. Variante española, Yulian Semionov
42. Los mares del sur, MVM
43. Luces de bohemia, Ramón María del Valle Inclán.
44. Asesinatos archivados, Didier Daenickx
45. La oscura inmensidad de la muerte, Massimo Carlotto
46. Hasta nunca, mi amor. Massimo Carlotto
47. Capitalismo Canalla, César Rendueles
48. Vertedero, Manuel Barea
49. Retrato de familia con muerta, Raúl Argemí.
50. Por amor de Imabelle, Chester Himes
51. Pequeña Antología, Jaroslaf Seifert.
52. Filosofías del sur, Enrique Dussel.
53. Arcángeles, Paco Ignacio Taibo II.
54. 68, Paco Ignacio Taibo II
55. Irapuato mi amor, Paco Ignacio Taibo II
56. El caso N'Gustro, Jean Patrick Manchette
57. Luang Prabang, Yulian Semionov
58. Política de la liberación, Historia, Enrique Dussel
59. De qué hablamos cuando hablamos de marxismo, Juan Carlos Rodríguez
60. El policía descalzo de la plaza San Martín, Ernesto Mallo.
61. Miseria y grandeza del partido comunista de España, Gregorio Morán.
62. No hay bestia tan feroz, Edward Bunker.
63. Sociofobia, César Rendueles.
64. Chavs, La demonización de la clase obrera, Owen Jones.

13 julio 2015

¿En Cádiz? Eso aquí no pasa





David Franco Monthiel


            En Cádiz no hay niños ni niñas que pasen hambre. Ni hay falta de viviendas dignas ni el precio de los alquileres es altísimo, no hay crisis en el comercio local y no hay ni un sólo local comercial abandonado con el cartel eterno de "se alquila", no hay crisis en el tejido industrial de la bahía, no, qué va, no hay, no hay un 40 % de paro, ni una economía sumergida, no hay miseria, ni menudeo, ni contrabando de tabaco, ni numeritos ilegales. No. ¿En Cádiz? Nada de eso.
            En Cádiz no hay una deuda millonaria que sitúa al ayuntamiento en el sexto lugar de todo el estado. No, aquí no hubo un turbio asunto con Cádiz Conecta ni con las pantallas LED, no hubo una tonelada de propaganda en su buzón, señora, de los triunfos del teofilato, no hubo ni hay problemas con el robo de cocaína de las dependencias policiales, no hemos tenido una televisión local radical, parcial, entregada al ideario político claro, no, no ha habido "caridad", sólo la de tirar del teléfono caciquil o la correcta de las instituciones afines y religiosas, no hubo nada en relación a los pisos del Matadero. No ha habido problemas ni dimisiones en masa en Asuntos Sociales, no. No desaparecieron "Los mohosos". Nunca se purgó a funcionarios municipales mandándolos a un palomar a reeducarse. No han dejado pasar el centenario del estreno de "El amor brujo" de Falla, no se ha levantado una estatua a un héroe multimutilado, lejano y sin nombre, y se hecho hijo adoptivo a El tío de la tiza, no han cortado árboles sanos en Candelaria, no se dejó morir a un drago, no se ha construido un mamotreto horrible y caro en Santa Bárbara y se ha terminado de construir el teatro Pemán, no se ha dejado abandonado gran parte del patrimonio de la ciudad y se ha afirmado que era la ciudad que funcionaba, no se le ha echado la culpa a otras instituciones de las penalidades que sufríamos. La anterior regidora, tan venerada, nunca se apuntó el tanto de que con sus propias manos colocó la última dovela de un puente innecesario, costoso, inacabable. No se dejaron atadas y bien atadas las empresas municipales para que pusieran piedras en el camino a los nuevos, nunca se tuvieron problemas con las empresas de amigos que se enriquecían a costa de la seguridad en las playas, no se han borrado los contactos de prensa, no se ha dejado de entregar la documentación que se pide, ni han funcionado las trituradores a tope, no, no se ha dejado el regalito de premiar a tres antidemócratas, nunca hubo gente que llevara treinta años cobrando sueldos grosos, de taco, y han dejado a cada ciudadano y ciudadana con 1700 euros de deuda. Qué va. Ni un sólo problema durante 20 años mientras que los que de verdad sí saben de qué va esto estuvieron gobernando.
            ¿En Cádiz?
            En Cádiz no hay profesionales a los que les importa más las chaquetas del pleno, las zapatillas deportivas, o el estilismo del alcalde, que las políticas que se tratan en el pleno. No, qué va. No, no hay gente que difame llamando John John o Ceaucescu a nadie, nunca han escrito "kichilato", no se han reído de cumplir con la ley de memoria histórica, no existen los que, si se les reprocha una opinión parcial, afirman que estamos jugando con sagradísima la libertad de expresión, esa que no existe en Venezuela, ni en cualquier otro lugar que no haya prensa comercial. No, en Cádiz no hay empresas que hayan esperado cien días para cargar a hierro, no han utilizado en contra del alcalde y sus concejales cada fotografía, cada titular, cada declaración. No, no hubo mala intención en la foto de portada de Kichi a propósito del "pleno de 15 minutos". No lo han puesto con cara de sorpresa, como si no lo viera venir. No, no hay periodistas sin ganas de informar.
            En Cádiz no leemos la misma cantinela de siempre, la misma retórica del miedo, no hay soflamas incendiarias a toda página de defensa del status quo como única forma de desarrollo y mejora de la vida de los mismos gaditanos de siempre. No hay empresas que aún se crean que el mito del progreso no esconde el reverso macabro de la crisis constante, no hay gente que piensa que lo racional es todo aquello que aumente la tasa de ganancia, no hay empresas que presentan un céntimo de pérdidas y piden ERES para despedir a trabajadores. En Cádiz no hay gente blindada para escribir pamplinas de la plaza de Mina, que empuñen las armas del pragmatismo neoliberal para criticar a un ayuntamiento que lleva en el cargo tres semanas, no hay opiniones al dictado de aquellos que han provocado la crisis, que han saqueado las cuentas públicas, que han aparecido en las contabilidades B, que defienden a poderes que nadie ha elegido. No hay iluminados que proponen soluciones al populismo barato como ponerse a "pedir cosas", mendigar planes de empleo o escribir cartitas a esos empresarios tan amables que atenderán, con caridad de la cristiandad, las peticiones del que dos artículos antes había defendido la robinsonada del ser emprendedor como la única salvación ante la flojera congénita del gaditaneo. En Cádiz el periodismo no hace política. No, no, qué va.
            En Cádiz nunca habrá represalias para el que escribe sin respaldos. De eso nada. Porque en Cádiz no hay niños que pasen hambre.