29 abril 2016

Las banderitas republicanas



No. Siento contradecir a los apátridas, a los “habitantes del mundo”, a Rupert Murdoch y a Hayek. No arde igual la bandera republicana que la bandera monárquica. No es lo mismo ser iraquí que estadounidense, ser boliviana que estadounidense, ser vietnamita que estadounidense, ser indio que inglés, ser congoleña que belga, ser tupi guaraní que español.
No sólo necesitamos reivindicar la memoria democrática de aquellos y aquellas que defendieron la legalidad, recordar y abrir las cunetas llenas de muertos, descubrir placas con los nombres de los que tacharon y borraron los sediciosos. Sino también reconstruir la historia, ese relato del que siempre desaparecemos. O aquello de en el fresco soy una de las figuras del fondo. Ahora viene la cita, porque “tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”.
Un poné: ¿Qué tal si le quitamos la R y la E a aquella mítica conquista de un territorio que nunca perteneció a ningún país llamado España? ¿Y si seguimos con el análisis sobre las características de esa invasión?: un nuevo territorio en el que el que fuese diferente era aniquilado físicamente o expulsado. Epistemicidio, exilio, desarraigo, una sola fe, una sola lengua. ¿Eran aquellas prácticas imperialistas las que luego se usaron en la conquista, invasión, expolio de aquel territorio que los indios cunas llamaban Abya Yala y sobre el que REPSOL cree mantener un derecho de pernada inalterable a pesar de la independencia y de los libertadores?
¿Pasa eso cada día en Palestina?
Tirando del hilo podríamos llegar a esa bandera que ondea frente al muelle y a su historia. ¿Es esa que cambió un aguilucho por el emblema borbón? ¿Es la misma que vemos en pulseritas, en politos, etiquetas, en correas de perro? ¿Es aquella que representa el orgullo patriota frente a los nacionalismos menos buenos? ¿Son esos patriotas los que aparecen en papeles de paraísos fiscales? ¿Son los mismos que impugnan el izado de la tricolor? ¿No sería más coherente que mostraran en sus pulseras banderas de Panamá o de Suiza?
El concepto de nación que manejan muchos patriotas ¿es estrecho?, ¿es heredero de aquel que se forjó en la conquista de Al Ándalus: una religión, un idioma, un sólo acento, una bandera, un equipo de futbol, un sólo sentido común, un sólo columnista de opinión preocupado porque el país se rompe? ¿No es verdad que esos patriotas son los que la ilustrada Europa Central llamaba y llama vagos, corruptos, perezosos? ¿No recuerdan los patriotas aquello de “África empieza en los Pirineos”? ¿Es la realidad plurinacional del estado tan ignorada y ocultada como el dato estadístico que afirma que la gente enferma y se muere más en La Viña y Santa María que en Bahía Blanca? ¿Estaré idealizando como “tierra sin mal”, como hacían los tupa guaraní , la República?
Demasiadas preguntas para un panfleto que “está con el retrovisor de la Historia constantemente y mira al pasado“, ¿verdad? Analicemos. A ver. He usado todos los tópicos del perro flauta extremista (vulgo “rojo peligroso)”: “memoria democrática”, “legalidad”, “cunetas” “sediciosos”, “Al Andalus”, “Panamá”, “Suiza”, “plurinacionalidad”. He citado a Walter Benjamin y el principio deQ, novela panfletaria donde las haya. He osado poner en cuestión el relato del “descubrimiento de América”. He criticado la política económica de una de Nuestras Empresas a las que los dictadores no dejan trabajar en paz.
Una ordinariez.
Ahora sólo me falta denunciar la violenta forma del establishment y de los editorialistas de recibir estas críticas. Y me gano un editorial o la mofa de uno de sus opinadores:
—Porque todo el que critique las apariciones en papeles de empresas offshore y pida dimisiones, censure los safaris, cuestione la monarquía, la cría de toro bravo, señale los intereses de la prensa comercial por desestabilizar a una corporación municipal, o quiera homenajear a representantes públicos fusilados por sediciosos es expulsado al CIE “Zona del no ser”, en estrictos términos de Franz Fanon. Y da comienzo la desfachatez de los intelectuales patrióticos: “va contra la libertad de expresión”, “es un nazi”, “o una feminazi”, “se financia por Irán o Venezuela”. “Es un vago, perezoso, corrupto o un resentido”. “Alguien que vive del PER”. Y en las series de televisión sale haciendo de criada o de gracioso. O incumple la ley homenajeando a gente que nadie recuerda.
La desmemoriada versión 3.0 es una declaración de un representante político: “Con los problemas que tiene la ciudadanía la polémica es una ofensa a la inteligencia”Y un contencioso administrativo por izar la bandera.¿Podemos analizar a fondo estas dos versiones de bloqueo a la memoria? ¿Podemos medir la celeridad del juez para dar orden en el cronómetro de la Historia?
No. De momento.
Por eso es importante que la tricolor haya ondeado en el ayuntamiento de Cádiz. Aunque sólo sea por una horas. Se lo debemos a los muertos. Y a este país.
Publicado en El tercer puente.


24 diciembre 2015

Lista 2015






1. Los muertos siempre pierden los zapatos, Raúl Argemí
2. No habrá final feliz, PIT II
3. Adiós Madrid, PIT II
4. La cola de la serpiente, Leonardo Padura
5. Voces en Ruidera, Francisco García Pavón
6. Casse Cash, Klozt
7. Roseanna, Per Wahlöö y Maj Sjowall
8. Asesinato en el Savoy, Per Wahlöö y Maj Sjowall
9. El rojo en la pluma del rojo, Daniel Chavarría
10. El abominable hombre de Säffle, , Per Wahlöö y Maj Sjowall
11. Los mares del sur, MVM
12. Crimen en el barrio del Once, Ernesto Mallo
13. La rosa de Alejandría, MVM
14. Asesinato en el comité central, MVM
15. La soledad del manager, MVM
16. Nada, Jean-Patrick Manchette
17. Volver al redil, Jean-Patrick Manchette
18. Sin trama ni final, Anton Chejov
19. La habitación cerrada, , Per Wahlöö y Maj Sjowall
20. Anatomía del crimen, Mariano Sánchez Soler
21. Hasta aquí hemos llegado, Petros Markaris
22. Marx en el Soho, Howard Zinn
23. El asesino de policías, Per Wahlöö y Maj Sjowall
24. España y los españoles, Juan Goytisolo
25. Karl Marx, Francis Wheen
26. Autobiografía de Federico Sánchez, Jorge Semprún
27. Los pájaros de Bangkok, MVM
28. Días de guardar, Carlos Pérez Merinero
29. El ojo de la patria, Osvaldo Soriano
30. Operación Masacre, Rodolfo Walsh
31. ¿Quién mató a Rosendo?, Rodolfo Walsh
32. Cuarteles de invierno, Osvaldo Soriano
33. No habrá más penas ni olvido, Osvaldo Soriano
34. La vida misma, PIT II
35. Triste, solitario y final, Osvaldo Soriano
36. La neblina del ayer, Leonardo Padura
37. Un trago antes de la guerra, Dennis Lehane
38. La mil noches de Hortensia Romero, Fernando Quiñones
39. Diario de un fiscal rural, Tawquif Al-Hakim
40. 17 instantes de una primavera, Yulian Semionov
41. Variante española, Yulian Semionov
42. Los mares del sur, MVM
43. Luces de bohemia, Ramón María del Valle Inclán.
44. Asesinatos archivados, Didier Daenickx
45. La oscura inmensidad de la muerte, Massimo Carlotto
46. Hasta nunca, mi amor. Massimo Carlotto
47. Capitalismo Canalla, César Rendueles
48. Vertedero, Manuel Barea
49. Retrato de familia con muerta, Raúl Argemí.
50. Por amor de Imabelle, Chester Himes
51. Pequeña Antología, Jaroslaf Seifert.
52. Filosofías del sur, Enrique Dussel.
53. Arcángeles, Paco Ignacio Taibo II.
54. 68, Paco Ignacio Taibo II
55. Irapuato mi amor, Paco Ignacio Taibo II
56. El caso N'Gustro, Jean Patrick Manchette
57. Luang Prabang, Yulian Semionov
58. Política de la liberación, Historia, Enrique Dussel
59. De qué hablamos cuando hablamos de marxismo, Juan Carlos Rodríguez
60. El policía descalzo de la plaza San Martín, Ernesto Mallo.
61. Miseria y grandeza del partido comunista de España, Gregorio Morán.
62. No hay bestia tan feroz, Edward Bunker.
63. Sociofobia, César Rendueles.
64. Chavs, La demonización de la clase obrera, Owen Jones.

13 julio 2015

¿En Cádiz? Eso aquí no pasa





David Franco Monthiel


            En Cádiz no hay niños ni niñas que pasen hambre. Ni hay falta de viviendas dignas ni el precio de los alquileres es altísimo, no hay crisis en el comercio local y no hay ni un sólo local comercial abandonado con el cartel eterno de "se alquila", no hay crisis en el tejido industrial de la bahía, no, qué va, no hay, no hay un 40 % de paro, ni una economía sumergida, no hay miseria, ni menudeo, ni contrabando de tabaco, ni numeritos ilegales. No. ¿En Cádiz? Nada de eso.
            En Cádiz no hay una deuda millonaria que sitúa al ayuntamiento en el sexto lugar de todo el estado. No, aquí no hubo un turbio asunto con Cádiz Conecta ni con las pantallas LED, no hubo una tonelada de propaganda en su buzón, señora, de los triunfos del teofilato, no hubo ni hay problemas con el robo de cocaína de las dependencias policiales, no hemos tenido una televisión local radical, parcial, entregada al ideario político claro, no, no ha habido "caridad", sólo la de tirar del teléfono caciquil o la correcta de las instituciones afines y religiosas, no hubo nada en relación a los pisos del Matadero. No ha habido problemas ni dimisiones en masa en Asuntos Sociales, no. No desaparecieron "Los mohosos". Nunca se purgó a funcionarios municipales mandándolos a un palomar a reeducarse. No han dejado pasar el centenario del estreno de "El amor brujo" de Falla, no se ha levantado una estatua a un héroe multimutilado, lejano y sin nombre, y se hecho hijo adoptivo a El tío de la tiza, no han cortado árboles sanos en Candelaria, no se dejó morir a un drago, no se ha construido un mamotreto horrible y caro en Santa Bárbara y se ha terminado de construir el teatro Pemán, no se ha dejado abandonado gran parte del patrimonio de la ciudad y se ha afirmado que era la ciudad que funcionaba, no se le ha echado la culpa a otras instituciones de las penalidades que sufríamos. La anterior regidora, tan venerada, nunca se apuntó el tanto de que con sus propias manos colocó la última dovela de un puente innecesario, costoso, inacabable. No se dejaron atadas y bien atadas las empresas municipales para que pusieran piedras en el camino a los nuevos, nunca se tuvieron problemas con las empresas de amigos que se enriquecían a costa de la seguridad en las playas, no se han borrado los contactos de prensa, no se ha dejado de entregar la documentación que se pide, ni han funcionado las trituradores a tope, no, no se ha dejado el regalito de premiar a tres antidemócratas, nunca hubo gente que llevara treinta años cobrando sueldos grosos, de taco, y han dejado a cada ciudadano y ciudadana con 1700 euros de deuda. Qué va. Ni un sólo problema durante 20 años mientras que los que de verdad sí saben de qué va esto estuvieron gobernando.
            ¿En Cádiz?
            En Cádiz no hay profesionales a los que les importa más las chaquetas del pleno, las zapatillas deportivas, o el estilismo del alcalde, que las políticas que se tratan en el pleno. No, qué va. No, no hay gente que difame llamando John John o Ceaucescu a nadie, nunca han escrito "kichilato", no se han reído de cumplir con la ley de memoria histórica, no existen los que, si se les reprocha una opinión parcial, afirman que estamos jugando con sagradísima la libertad de expresión, esa que no existe en Venezuela, ni en cualquier otro lugar que no haya prensa comercial. No, en Cádiz no hay empresas que hayan esperado cien días para cargar a hierro, no han utilizado en contra del alcalde y sus concejales cada fotografía, cada titular, cada declaración. No, no hubo mala intención en la foto de portada de Kichi a propósito del "pleno de 15 minutos". No lo han puesto con cara de sorpresa, como si no lo viera venir. No, no hay periodistas sin ganas de informar.
            En Cádiz no leemos la misma cantinela de siempre, la misma retórica del miedo, no hay soflamas incendiarias a toda página de defensa del status quo como única forma de desarrollo y mejora de la vida de los mismos gaditanos de siempre. No hay empresas que aún se crean que el mito del progreso no esconde el reverso macabro de la crisis constante, no hay gente que piensa que lo racional es todo aquello que aumente la tasa de ganancia, no hay empresas que presentan un céntimo de pérdidas y piden ERES para despedir a trabajadores. En Cádiz no hay gente blindada para escribir pamplinas de la plaza de Mina, que empuñen las armas del pragmatismo neoliberal para criticar a un ayuntamiento que lleva en el cargo tres semanas, no hay opiniones al dictado de aquellos que han provocado la crisis, que han saqueado las cuentas públicas, que han aparecido en las contabilidades B, que defienden a poderes que nadie ha elegido. No hay iluminados que proponen soluciones al populismo barato como ponerse a "pedir cosas", mendigar planes de empleo o escribir cartitas a esos empresarios tan amables que atenderán, con caridad de la cristiandad, las peticiones del que dos artículos antes había defendido la robinsonada del ser emprendedor como la única salvación ante la flojera congénita del gaditaneo. En Cádiz el periodismo no hace política. No, no, qué va.
            En Cádiz nunca habrá represalias para el que escribe sin respaldos. De eso nada. Porque en Cádiz no hay niños que pasen hambre.

16 junio 2015

El principio de esperanza




David Franco Monthiel

            Fui a San Juan de Dios con nuestro humilde comité de bienvenida. Me emocioné. Los editorialistas dicen que le dimos un baño de masas al alcalde. Quizá fuera porque salió al balcón del ayuntamiento apestando al apulgarado sillón en el que se sentó. Luego, horas más tarde, escuché con detenimiento el discurso de investidura. Me gustó cuando citó a Ernst Bloch, un marxista de la línea cálida que estudió en tres tomazos los mitos de la humanidad, los liberadores y los opresores, El principio de esperanza. Los mitos, el sueño despierto de la humanidad. No sé si Kichi, o la redactora del discurso, ha leído a Bloch. Si la cita fue cita de manual de citas o de búsqueda en el argumentario mítico de la teoría marxista para darse rollo o tinte intelectual. Le quedó bien el detalle aunque pasó desapercibido. Pero a mí me da juego para pensar que un alcalde de Cádiz, viñero y comparsista, profesor de secundaria y sindicalista, citara a Bloch y luego hablara de resolver graves necesidades de la ciudad. Necesidades tan materialistas y viejas como el hambre, el techo, la cultura, el trabajo.
            —Inaudito, picha.
            Porque lo bueno nuevo no es tan nuevo como parece. El discurso de Kichi comenzó aprisionado en el nerviosismo, fue irregular en las propuestas, pero mantenido con pulso en el argumento de las personas corrientes. Entronca con uno de los mitos éticos más antiguos de la humanidad, más que el Cádiz que envejece en la cabeza de muchos y exige con prisa y con mucho editorialismo lo que nunca exigió a Teófila. Osiris le preguntaba al muerto qué hizo de bien. Y uno, para resucitar su carne, dijo: “Di pan al hambriento, di de beber al sediento, di vestido al desnudo y di una barca al peregrino”. Cuatro necesidades como criterio ético de la resurrección. Metáfora de lo que el zombismo gaditano necesita. Siglos después, el fundador del Cristianismo repitió lo mismo. Diecinueve siglos después, Marx –el fundador del socialismo– escribió "¿cuáles son las cuatro necesidades humanas? Comer, vestido, casa y calefacción”. El sábado, Kichi —y Martín—, nombró las mismas cuestiones en el salón de plenos del ayuntamiento de Cádiz. Dos discursos éticos cercados de pataleos sobre la falta de experiencia, las advertencias de salón de los "cheques en blanco" y la narrativa fantástica y de ciencia ficción que afirmó la "magnífica herencia" de desarrollo, progreso y demás vacuidades y publicidad.
            El alcalde también habló de gobernar obedeciendo, cita zapatista que, hace unos años, se coaguló de forma institucional cuando un indio boliviano, quinientos años después de la invasión de su tierra, fue investido presidente. "El que manda es el representante que debe cumplir una función de la potestas. Es elegido para ejercer delegadamente el poder de la comunidad; debe hacerlo en función de las exigencias, reivindicaciones, necesidades de la comunidad. Cuando desde Chiapas se nos enseña que "los que mandan deben mandar obedeciendo" se indica con extrema precisión esta función de servicio del funcionario (el que cumple una "función") político, que ejerce como delegado el poder obediencial". Dice Enrique Dussel en sus 20 tesis de política.
            El poder obediencial es una vieja-nueva forma de hacer política que a muchos, por miedos atávicos y falta de higiene democrática en los baños de masas, costumbres palaciegas y empacho de televisión, da miedo. O no se la creen. O esperan pacientemente a que los errores —necesarios e inevitables—, los tweets antiguos, las fotos de cargos electos borrachos, florezcan para decir:
            —¿Ves? Lo sabía. Iba a quitar la Semana Santa.
            Sólo hubo que leer las columnas de opinión de la prensa local para oler el miedo. La peste. Porque ellos, los del miedo, la exigencia, los cheques en blanco, los comentarios sobre la ropa del alcalde, no van a parar de intentar destruir simbólicamente y cerrarle la puerta al aire nuevo del ayuntamiento. Tanto que celebrarán el regalito de premiar a tres golpistas venezolanos, tres personas que nadie debería premiar.
            Como decía Bloch, necesitamos soñar despiertos. Soñar que el proceso está en marcha y creerlo. Verlo marchar y que responda a la defensa de los más y los más necesitados. A sus necesidades materiales. El mito del alcalde del pueblo para esta ciudad con alma de pueblo, liberal de boquilla, cateta y moderna a la vez, debe abrirse a la fe que crece en la gente que no le votó pero cree en lo que dice y piensa que puede ser útil desde sus posibilidades y tiempos. Porque el nuevo criterio que sustituirá a la injusta ley del bipartidismo y sus voceros a sueldo —ley que mata, silencia y representa intereses económicos de los privilegiados—, es la fe. ¿Qué fe? No se me asusten los jacobinos de salón ni los laicos de extremo centro. La fe es cuando el pueblo cree en el pueblo.
            Los mitos son narrativas racionales en base a símbolos. El mito de Kichi debe hacerse fuerte, enriquecerse con la convergencia a construir por todos y todas. Debe ir más allá de las vanguardias leninistas, de los cotos privados, de los mismos vientos del sur de siempre, de las dobles asambleas, de las direcciones políticas miopes, de la toxicidad, de las mismas rigideces presentadas de forma pública como principios éticos insobornables. Hay que plantear la cuestión del liderazgo para evitar el tradicional vanguardismo o las dictaduras carismáticas. Así como el espontaneismo populista.
            Por eso creo que debemos responder a la llamada como el muezín llama a rezar. Debemos participar, hablar, defender a los que nos deben obediencia. Debemos insistir en la participación ciudadana, en la creación y mantenimiento y resistencia de redes y movimientos, hacer real eso de los pies en la calle.
            Volvemos a aquello de que la crítica de la política es la crítica de la religión. Pero el enano debajo del tablero de ajedrez del que hablaba Walter Benjamin vuelve a ser feo, está rallao y enfadado por viejas rencillas de la izquierda local, es sabihondo y resabiao, con mala leche. Es San Pablo, o la teología, o la participación ciudadana. El  poder obediencial debe comenzar en el acompañamiento popular de dos listas que necesitan de la experiencia, de las ideas, de la gente que defienda este proceso que comienza. ¿Subrayar BOJAS y BOES? ¿Agendas de nombres de jefes de prensa? Lo que sea. La democracia real se liga a la organización efectiva de la participación político-popular.
           
            Porque si pierde él perdemos todos. No va a ser fácil es el adagio que se repite y se repetirá hasta la saciedad cuando aparezcan los fantasmas del cerrojazo patronal, las zancadillas del sentido común gaditano que pregunta si "está preparao" (algo que no se le preguntó a Romaní ni a Jorge Moreno), las dimisiones, el grupo Joly en bloque acechando desde su morenobonillismo de manual. El cálculo: gobiernos en minoría más basura de twitter y fotos del Kichi haciendo nudismo en las dunas de Cortadura más tocarle el bolsillo al clientelismo larvado de la ciudad. Resultado: un gran mojonazo de legislatura.
            Por eso. Tener cada mañana oído de discípulo. Ser guionistas de la realidad, recordando a Azcona, que se suben en el autobús. Ser como Quiñones poniendo la oreja en la plaza de abastos: "Aquí, trabajando", decía al que le preguntaba qué hacía allí.
            Porque comienza el tiempo del peligro, el kairós, y el tiempo del tós por iguá. O el vámono que nos vamo. El principio de esperanza.