01 agosto 2020

JULIOS DIAMANTES PARA LA DICTADURA DEL CINE COMERCIAL 50 años del Festival Alcances

David Monthiel

 

1. Una alfombra roja para Julio Diamante

            El cineasta Julio Diamante aparece en el escenario del Teatro del Títere, el antiguo cine Cómico, ese refugio en sesión doble, para entregar el premio que lleva su nombre en la gala de clausura del Festival de cine documental Alcances 2018. Viene lento, pero viene. Con su muleta y su magnánima vejez, Julio siempre viene, nunca falta a Alcances. Y el día que no venga lamentaremos que muchos no recuerden sus películas ni que escribió Blues Jondo y que fue uno de los fundadores del Hot Club de Madrid, que le dio coba a la censura, que aparecía en informes de la policía como alguien a detener, que dio clases de cine, que lo echaron de esa misma escuela de cine y que mantuvo con el torturador Conesa una charla de cine sueco durante un interrogatorio en la DGS, que cantó ante el féretro de Luis García Berlanga:

            Cuando se muere algún pobre,

            qué triste va el entierro.

            Y cuando se muere un rico

            va la música y el clero.

            Julio se planta en mitad del escenario y recibe el aplauso del público, de las documentalistas premiadas, de las autoridades. Ahí sigue. Y esperemos que por muchos años. Porque la aparición de Julio es, quizá, el fundamento de una ceremonia de clausura en el que no hay apariencias. Es un acto sin alharacas, sin mamoneitos y sin croqueteo. Como si la alfombra roja se pusiera para que gente como Julio, bastante rojo, pueda venir.

            Y se premia y se agradece. Y se acabó. ¿Qué más queréis?

 

2. Alcanzando lo inalcanzable

            Ahora llega el parágrafo del artículo en la que hago un resumen de la historia del festival para que, ustedes, desocupados lectores, reflexionen y valoren la importancia del mismo dentro de los festivales de cine de Andalucía. Podría empezar hablando de su fundación de la mano de Fernando Quiñones, una suerte de protogestor cultural que se adelantó en concepto al "II Festival internacional de...", a las "Semanas de proyecciones de..." y a las "Muestras de cine...". Porque Fernando se inventó una marca y un logo: una caracola que escondía, dándole coba a la censura y la autoridad competente, el ojo de Ernesto Guevara. Fernando ingenió algo que ahora se llama branding o naming y que todos los eventos culturales buscan como marca dentro del mercado de sensibilidades culturales.

            Podría seguir contando que es uno de los pocos festivales que tiene a gala no haber celebrado su primera edición. La Autoridad Competente de 1968 la prohibió con todo programado. Podría describir un Cádiz pobre culturalmente para resaltar la aparición de la semana cultural como algo fundamental para la ciudad. Pero no les quiero mentir. Cultura en la ciudad, madre del flamenco, había a espuertas desde aquel día fechado como ochenta años después de la guerra de Troya y en el que había leyes en verso de seis mil años de antigüedad, según Estrabón.

            Lo que sí parecía faltar en el ambiente asfixiante del franquismo para la progresía cultureta gaditana era la vanguardia de las producciones artísticas del año revolucionario por excelencia. Alcances quería alcanzar la nueva música, el cine del momento, quería sesiones golfas, conversaciones eternas hasta el alba. Podría asegurar, con orgullo, que era una semana multidisciplinar, un espacio de encuentro en el que se veían películas, se ponían discos y se hacían esas cosas que ahora se llaman actividades paralelas y que trufan los festivales buscando nuevos públicos, nuevos espacios, nuevos diálogos entre arte, cine y hostelería. Y eso mucho antes de que los hermanitos pequeños de Alcances crecieran y se tematizaran.

            Podría evocar el anecdotario: la tumultuosa proyección del Decameron de Pier Paolo Pasolini en la que se arrolló a los extintos acomodadores, la picaresca y tangazos (otra vez) cuando se prohibió (esta vez por la autoridad democrática) la proyección de "El imperio de los sentidos". Podría recordar la multiplicación de los carnés de periodistas como milagro en la cola del pase de prensa de la película japonesa. Podría recordar el affaire de la bandera de la URSS y su confección, a última hora, ante la petición protocolaria del embajador. Porque Alcances tiene el honor y la gloria de ser el primer festival que dedicó una semana al cine de la Unión Soviética.

            1992. A Alcances le ponen el sobrenombre de Muestra Cinematográfica del Atlántico. Cambian los gestores. Vinieron los cortometrajes y los que luego fueron apellidos grandes del cine. En 2006, el festival, como Quevedo, le preguntó al vacío y la respuesta fue: cine documental. Hace falta un festival de cine documental, se dijo en algunas administraciones que financian. La apuesta se adelantó tres años a la explosión del género. El documental de creación fue la apuesta. Y el trabajo de Manuel Jiménez, Sergio Oksman, por decir dos. Y hasta hoy. Y, por favor vean "Hombres de sal", Premio RTVA al mejor corto andaluz al Mejor Documental Andaluz en el Festival.

 

3. Diecisiete instantes para la primavera documental

            Alcances cumple años y tiene una seña de identidad clarísima a pesar de las nostalgias paralizadoras de muchos. Es un festival honesto. Pequeño. De riesgo. Familiar, de eso que se llama familia grande. Que se viene arriba cada vez que puede y sigue rechazando, como siempre, las alfombras rojas. Que apuesta por lo que ha hecho siempre: resistir los embates del mercado y sus embaucadores con líneas y decisiones claras. La diáspora digital obliga al criterio selectivo y a ofrecer lo mejor de la producción actual del cine documental. Y ahí: lo clava.

            El año de su quincuagésima edición vino con nuevo logo de la caracola y una pieza que ha funcionado como instalación audiovisual, como imagen y cartel del festival. Vino con un espacio nuevo, desechando las salas de cines comerciales y el Teatro Falla. Ha concentrado toda su actividad en el ECCO, el espacio de cultura contemporánea, un edificio en el que se han desarrollado todas las actividades para regusto de los asistentes. Conciertos, charlas, desayunos con directores, proyecciones, cerveceo, charloteo. ¿Qué mas queréis?

            ¿Cosas buenas? A patás. Un público no habitual petó (llenó) el patio del ECCO en la apertura y clausura. Y el habitual pasó de una actividad a otra con la suavidad de las cosas fáciles y sencillas. Alcances sigue palante. Con sesión retrospectiva del cine mítico, ese que algunos echan de menos sin necesidad. Con mayoría de mujeres documentalistas y premiadas. "Mikele" de Ekhiñe Etxeberria y "Wan Xia, la última luz del atardecer" de Silvia Rey, consiguieron los premios de Mejor Mediometraje y Mejor Cortometraje. "Todas las mulleres que coñezo" de Xiana do Teixeiro, consiguió el Premio del Público y un debate posterior a la proyección de cincuenta minutos. El resultado, a mi entender, es un acierto. A pesar de las dificultades, los ajustes al nuevo entorno y los problemas a resolver sobre el sonido y la comodidad de las salas.

            Y ya. La primera novela de la serie Stirlitz, mal llamado por publicistas como el James Bond soviético, escrita por Yulian Semionov, se titulaba "Diamantes para la dictadura del proletariado". Acaban de reeditarla. Y me sirve para reclamar un, dos, tres, cien Julios Diamantes para la dictadura del cine comercial. Larga vida a Alcances.

12 diciembre 2019

«Bechiarelli es el epítome de la poca vergüenza»

Novedad editorial
David Monthiel: «Bechiarelli es el epítome de la poca vergüenza»

El escritor gaditano publica «Nuestra señora de la esperanza» (Roca Editorial), Premio Internacional de Novela LH Confidencial 2019

David Monthiel le da una vuelta de tuerca a Bechiarelli en «Nuestra señora de la esperanza»


Sevilla Actualizado:David Monthiel (Cádiz, 1976) es uno de los grandes escritores que en los últimos años han revitalizado y renovado la novela negra en el sur de España. Su saga de Bechiarelli es ya un clásico dentro de este género, y ahora vuelve con una nueva entrega, «Nuestra señora de la esperanza» (Roca Editorial), que se alzó con el Premio Internacional de Novela LH Confidencial 2019. La política municipal en el ayuntamiento del cambio gaditano es el contexto en el que se desarrolla una trama que mantiene enganchado al lector desde la primera página.
«Nuestra Señora de la Esperanza» supone el tercer caso de Rafael Bechiarelli. ¿Cómo ha evolucionado este detective a lo largo de los años?
Si en «Carne de Carnaval» (el Paseo, 2017) regresaba a Cádiz de un exilio prolongado y se reencontraba con la ciudad y sus personajes, y en «Las niñas de Cádiz» (El Paseo, 2018) se le veía instalado pero salía de road movie por la provincia, en «Nuestra señora de la esperanza», el detective sufre las consecuencias y amenazas de trabajar en un caso «grande» y político. Pero Bechiarelli mantiene su ética de pícaro con valores incorruptibles.
Cádiz vuelve a ser escenario fundamental en esta nueva entrega de Bechiarelli, pero no sólo te has ceñido al «Cadi-Cadi» de Puerta Tierra adentro, sino a la otra ciudad, la de los bares y garitos, la que no está en las guías de turismo.
Hay muchos Cádiz: el que consumen los cruceristas, el de los tópicos de los mesetarios, el que se canta en carnaval, el de la gente que vive su gentrificación, el de los mitos fenicios, el de los erasmus, el de las cola en los comedores sociales y los que recorre Bechiarelli en el caso: el de la noche gaditana y sus locales, que en la actualidad es un zombi, el Cádiz administrativo capital de provincia, el de los funcionarios desayunando, el de los plenos y sus líos, el del ayuntamiento.
En relación con la pregunta anterior, ¿concebirías esta saga de novelas si no se desarrollaran en Cádiz? ¿Podría trabajar tu detective en otras ciudades?
Cádiz es mi lugar de enunciación. Pero no es solo un decorado, un «no lugar». Cuento con el contexto: su historia, creencias, mitos. Su forma de vida isleña, su idiosincrasia alegre en las fatigas, su manera de ver el mundo permean las acciones de los personajes, las tramas. Pretendo conectar los mitos profundos de la ciudad (es este caso Astarté y su culto) con la vida cotidiana de la misma. Bechiarelli podría trabajar en otras ciudades como Sevilla o Madrid, pero siempre inmerso en la cosmovisión gaditana y su «savoir vivre» a la hora de analizar las cosas, de leer los hechos con esa guasa, ironía y rapidez.
¿Qué está suponiendo para ti haber ganado el Premio LH Confidencial y dar el salto con Roca Editorial?
El premio supone una gran satisfacción y un privilegio, ya que el jurado valora la calidad literaria de los ganadores por encima de «la visión comercial». También supone una validación de la saga en un mercado más amplio, pues todas las etiquetas y trabas que se le habían achacado a la serie desaparecen de un plumazo. Y eso me parece un salto incalculable que rompe fronteras invisibles para las historias «metías en manteca» contadas desde la periferia. Publicar con Roca es también un reto, ya que es una editorial puntera del centro editor en castellano, Barcelona, y que distribuye Random House Mondadori. Como decía un amigo, es primera división.

Novela negra gaditana

Benito Olmo, Daniel Fopiani y tú sois un ejemplo de la actual calidad de la novela negra que se está haciendo en Cádiz. ¿Qué me puedes decir sobre esta cuestión?
Cubierta de la novelaPues me llena de orgullo y satisfacción que estemos publicando en editoriales grandes y que se nos lea con atención, que aparezcamos dentro de la escena del policial como escritores interesantes y de calidad. El éxito de ambos es algo que me alegra mucho. Eso sí: quizá deberían aparecer más escritoras. Las necesitamos.
Cubierta de la novela - ABC
En esta novela Bechiarelli acepta un caso donde la política municipal tiene un gran protagonismo. ¿Cómo se enfrenta tu detective a esos entramados de corrupción?
Bechiarelli debe descubrir qué le ha sucedido a Gabriel Araceli, el concejal de vivienda del ayuntamiento llamado «del cambio», que ha aparecido muerto en un solar. Se enfrenta al marrón desde la distancia irónica y, como siempre, por necesidades económicas. Y esta vez se asusta mucho bajo las amenazas de poderes oscuros.
La novela no habla tanto de la corrupción como de la guerra soterrada (mediática, de otra administraciones) que un equipo de gobierno «del cambio» —como se le llamó— sufre en una legislatura que alcanza el grado de terrible con un asesinato. También habla del fetichismo de los que se creen que son la sede del poder por sentarse en un sillón de una concejalía, trata sobre crímenes que pasan por «la normalidad» y de sus víctimas, sobre la impunidad y la ley, sobre la fe y la esperanza y sus verdugos.
Si a Bechiarelli le hubieran encargado investigar el caso ERE, ¿crees que se hubiera vuelto majareta y que habría acabado en un sanatorio para desintoxicarse de tanta corrupción y mangoneo?
Más que majareta se hubiera indignado por el uso de recursos públicos en beneficio privado y por las cacicadas de pobres disfrazados con trajes de chaqueta. El clientelismo es la enfermedad infantil de los que quieren mantenerse en las instituciones por encima del servicio a la comunidad. Pienso que Bechiarelli abogaría por mantenerse al margen de enchufismos y chanchullos mafiosos. Sabe de dónde viene.
¿Qué me puedes decir sobre el hecho de que un escritor tan consagrado como Daniel Ruiz haya elogiado tu novela y que haya definido a Bechiarelli como «la gran esperanza del noir ibérico sureño?»
Considero a Daniel un gran escritor y un estupendo compañero. No sé si soy «la gran esperanza del noir ibérico», pero para mí es un orgullo que haya reconocido mi trabajo dentro de una cierta invisibilidad marcada por un elitismo cateto que no soporta el carácter popular, local y cercano de ciertos temas que yo abordo (el carnaval, el verano y la política de Cádiz). Lo de Daniel es algo inusual en un mundo de egos y pamplinas. Aunque también elogiaron «Nuestra señora de la esperanza» Montero Glez (aludiendo al «Carvalho gaditano»), Antonio Manuel (muy seguidor de la saga) y mi querido Juan José Téllez, que dijo una cosas muy hermosas de mi trabajo.
¿En qué medida crees que Bechiarelli rompe con los tópicos de los detectives de las novelas negras?
Los tópicos de la soledad, cinismo, alcoholismo, dureza, pobreza se explotan hasta la saciedad. No es que abjure del Marlowismo o del Sherlockholmismo, pero creo que un detective de Cádiz no puede actuar de la misma manera que uno de Estocolmo o de California. Y quizá ahí sea donde los tópicos se transformen en algo novedoso, fresco. Porque Bechiarelli es una suerte de frankenstein de las cosas de Cádiz, el epítome de la poca vergüenza, un compendio de formas y maneras de encarar las fatiguitas y las alegrías. Y ahí radica su diferencia. Es buen detective porque sabe captar un engaño, una trola, una oportunidad con rapidez. Y es partícipe de una red de conocidos y de personajes de todos los ámbitos y clases (una KGB local y cotilla) en la que se mueve como mojarrita entre las piedras.
¿Cómo está resultando la acogida de este libro?
De momento satisfactoria, a pesar de vivir literariamente en la periferia del mercado y estar en una editorial grande. La novela está muy bien distribuida y está siendo reseñada en un boca a boca de lectores que se han interesado por ella a través del premio LH Confidencial. Y muchos están descubriendo las otras dos novelas de la serie, que estaban más tapadas.
¿Crees que queda mucho Bechiarelli para rato o te interesaría hacer también otros tipo de proyectos?
¿Habrá más Bechiarellis? No considero al personaje acabado. La serie responde a un ciclo que comenzó en 2012 y que ha cuajado en estos tres años. Pero ahora mismo no hay novela en la manga. Está por hacer y hay muchas posibilidades. Tengo un encargo que cumplir con mi querido David González Romero para El Paseo y estoy terminando una novela, un ejercicio literario bolañesco sobre músicos gaditanos, una novela que está dentro de la tradición narrativa del embuste y en la más estricta ortodoxia gaditana de las historias de Pericón de Cádiz, Chano Lobato y El Beni de Cádiz.

26 julio 2019

#Bechiarell en preventa. #Nuestraseñoradelaesperanza estará el 10 de octubre en librerías. 
"La política municipal del ayuntamiento del cambio gaditano es el contexto de las aventuras de Rafael Bechiarelli." 
 

16 mayo 2019

13a edición del Premio de Novela Negra L’H Confidencial


16/05/2019
Lletres

L’escriptor David Monthiel guanya la 13a edició del Premi de Novel•la Negra L’H Confidencial

La novel•la es titula Nuestra señora de la esperanza i està ambientada a Cadis   El lliurament del premi es farà a la Biblioteca la Bòbila el 19 d’octubre
L’escriptor gadità David Monthiel ha estat el guanyador de l’edició 2019 del Premi de Novel•la Negra L’H Confidencial amb la novel•la titulada Nuestra señora de la esperanza, obra que barreja el gènere policíac amb una trama política.

Per emetre el veredicte, el jurat ha tingut en compte el rerefons de la novel•la, l’espai on es desenvolupa i els personatges, que transiten per una trama ben estructurada. Ambientada en el moment actual, l’autor barreja política, injustícies socials, manipulacions informatives, turisme, tràfic de drogues i la bombolla immobiliària.

El jurat també ha valorat el protagonisme que té la ciutat de Cadis, poc present en la novel•la negra espanyola, i l’homenatge que l’autor dedica a Manuel Vázquez Montalbán i que es detecta clarament en el desenvolupament de la intriga.

Nuestra señora de la esperanza és la tercera novel•la protagonitzada pel detectiu Rafael Bechiarelli, després de Carne de Carnaval (2017) i Las niñas de Cádiz (2018).

David Monthiel va néixer a Cadis el 1976. A més de la trilogia Bechiarelli ha publicat el llibre de relats Yuri Gagarin que estás en los cielos (2011) i els poemaris Apuntes para una teoría del valor (2013), Libro de la servidumbre (2011) i Apuntes de la servidumbre (2009), entre d’altres. També ha dirigit el guió del curt documental guanyador del Docuexpress 2017 del festival de cine documental Alcances, La memoria fantasma, del qual és també l’autor.

El jurat d’aquesta edició ha estat presidit pel regidor de Cultura, David Quirós, i format per l’editora Blanca Rosa Roca; la cap de Biblioteques de L’Hospitalet, Anna Riera; la directora en funcions de la Biblioteca la Bòbila, Esther Ruiz; els membres del Club de Lectura de Novel•la Negra Manuel López i Mari Carmen Úbeda, i els especialistes en novel•la negra Jordi Canal i Àlex Martin.

El premi, promogut per la Biblioteca la Bòbila i convocat per l’Ajuntament de L’Hospitalet i Roca Editorial, està dotat amb 12.000 euros. La novel•la es publicarà el mes d’octubre.  El guardó s’ha consolidat com un dels més prestigiosos del gènere negre. El lliurament del premi tindrà lloc el 19 d’octubre en un acte públic a la Biblioteca la Bòbila.

23 marzo 2019

UN TEXTO


      

Buenas tardes. Es un placer y una responsabilidad estar aquí. Y veros juntos y juntas. Vengo como presentador. Voy evitar asustaros con estribillos trabalenguas de que los tiempos oscuros vienen... porque ya están aquí. Voy a intentar evitar en todo momento contrarrestar las fantasías negativas del columnista de turno que afirma que todo lo que hace el alcalde está fatal, es inmoral y engorda. Y desechar la rima estrella de este año: esa de "carril bici-kichi" a propósito del futuro del aparcamiento en esta ciudad, que necesita bicicletas. Me costará. Soesasí.

Vengo como invitado pero no para exaltar las posibilidades y maravillas de la coalición, la alegría de un acuerdo, la solidez de la unión en Adelante Cádiz. De la que me alegro. Y mucho. No vengo de poeta partero de versos que apoyen la causa sin más, inflamando el aire que compartimos con metáforas e imágenes de la primavera que viene o se espera. No vengo como tasa de cultureteo para la galería. No vengo como intelectual de guardia ni de vanguardia, sino de retaguardia. Vengo, pero con mi puntito. Y mi mano tendida.

Hace cuatro años también fui a San Juan de Dios junto nuestro humilde comité de bienvenida. Me emocioné. Me gustó que un alcalde de Cádiz, viñero y comparsista, profesor de secundaria y sindicalista, citara a Ernst Bloch y luego hablara de resolver graves necesidades de la ciudad y su gente. Necesidades tan materialistas y viejas como el hambre, el techo, la cultura, el trabajo.

—Inaudito, picha.

Cuatro años después aquí estamos. Habéis tenido paciencia al nivel de Job ante la desesperación de los plenos, ante la guerra, las calumnias, los golpes bajos, las mentiras, la difamación. Las querellas. Habéis sufrido el desgaste como praxis política. Que pase el tiempo —un año, dos— y os queméis en la hoguera de los medios. Y no hay más discurso, ni más propuestas, ni más nada. Sólo el deterioro sistemático, gris.

Cuatro años después aquí estamos. En Cádiz, año cero. Pero no nos lanzaremos al vacío como el niño rubio de la película de Rossellini (referencia cultureta). Porque sigo pensando que si perdéis, perdemos todos y todas. Si pierde este ayuntamiento perdemos todas.

Estábamos acostumbrados a la oposición, a la crítica más crítica, a desmontar pieza a pieza el motor del capitalismo, del neoliberalismo y su sentido común que hace pasar por naturaleza algo que es irracional, como el aumento de la tasa de ganancia a costa de extinguirnos, que somos individuos sin comunidad, que somos malos y egoístas por naturaleza, que las mujeres, cuando protestan y reclaman sus derechos, lo hace por envidia. Eso de que en la tormenta no se distinguen las lágrimas de los escupitajos. Mentiras.

Somos comunidad desde que somos una piel debajo de una piel, necesitamos del otro, de la otra, debemos escucharlo, y sobre todo al otro, la otra que sufre más que nosotros. Porque este es un momento positivo en la política. Debéis construir. El momento positivo de la política es un reto del que no se tienen mapas, ni recetas, se va haciendo, con errores, ya que la institución no es perfecta ni lo será nunca, pero siempre con la idea de que el poder es servicio, es obediencia, que la legitimidad no está en el asiento, en el sillón, en el escaño en el que os vais a sentar, sino en eso que se ha venido a llamar pueblo, y que es una palabra mesiánica, según los listos que lo ven todo mal.

Sigo pensando que debemos tener cada mañana oído de discípulo. Ser guionistas que se suben en el autobús de la realidad. Ser como Quiñones poniendo la oreja en la plaza de abastos: "Aquí, trabajando", decía al que le preguntaba qué hacía allí.

¿Qué vendrá? No lo sabemos. ¿El tiempo de la ilusión, de la esperanza? Yo lo llamaría el tiempo de la fe, y no os asustéis queridos y queridas jacobinos, porque la fe es cuando el pueblo cree en algo y en alguien, y sobre todo cuando cree suficientemente en sí mismo como motor de cambio. Es el tiempo de tener fe en esta lista, en este alcalde, estos concejales, pero también en la gente de Cádiz, en la comunidad. Estamos en el tiempo del tós por iguá. El de vámono que nos vamo.

Y aquí seguimos.

Porque aún tenemos la máscara más útil, la del respeto a los de siempre. A los que siguen ahí, durmiendo tranquilos en el orden injusto. Aún nos habita el furor del mañana mejor, en la entraña más oculta para el asentimiento, para las órdenes, para las abstenciones, para los miedos, para las mordazas.

Porque es esta nuestra respuesta ante la escondida verdad de la historia. Porque heredamos una pregunta manchada de vivas a la muerte, de ricino, de tiros al alba, de cunetas, de adjetivos modélicos, de turnos, de puertas giratorias, de sobres, de pactos, de cansancio. Empuñamos un orgullo acechado por el hambre, la sed, el cucharón y el paso atrás, el pan negro, la sombra repetida de las cárceles y el abrazo más frío de las fosas sin nombre. Es nuestra la sangre que pusieron sobre las fechas. Son nuestros los fantasmas que recorren las manos agrietadas, las manos muertas, los dedos perdidos, las listas negras y los folletos que la lluvia deslía en el puerto, tabacalera, astilleros, aeronáutica, los talleres, los polígonos.

Fuimos los hijos e hijas en las zanjas de un apellido. Pero regalamos esta sonrisa acechada de sudores y lobos. En el coraje de lo suficiente. Y silbamos canciones que comparten pérdidas, desalojos, fatiguitas, revueltas. Tenemos un hogar en cualquier parte en la que haya buena gente. Y el consuelo de andar juntos. Sabemos que en el montón de hojas caídas no se distingue de qué rama, de qué árbol, de qué jardín se huye.

Debemos encontrarnos en el trayecto de espinas de la esperanza. Cuidarnos en la afrenta sin brújula. En el laberinto de las obligaciones. Debemos llegar cerca. Nada de lejos. Cerca.

Porque cada uno, cada una, apenas poseemos un puñado de teselas, de piedritas, para construir el mosaico, este mosaico juntos, para unirnos en la esperanza, en los deseos, en las acciones. Porque aún hoy hay quienes arrojan sus teselas al río sucio del tiempo, quienes se apedrean así mismos en la oscuridad y quienes las siembran en las murallas que nos separan.

Pensadlo: Apenas un puñado de teselas. Un mosaico, juntos.

Hoy, algunos las miramos.

Y las apretamos con fuerza en la mano.

15 febrero 2019

¡Qué bien estamos aquí!

 Memoria de cádiz

"Me acuerdo de los locos de Capuchinos, y de que no estaban tan locos"

 

  • David Monthiel recoge en '¡Qué bien se está aquí!' los testimonios recogidos en el taller Las herramientas de la memoria, desarrollado por el Plan Lector
  • La edad media de los participantes ha sido de 85 años

Pilar Vera



Me acuerdo de cuando en La Central Lechera se vendía leche (aguada). Me acuerdo de cuando nevó en Cádiz. Me acuerdo de cuando el Talgo era nuevo. Me acuerdo de cuando el convite de comunión era chocolate con churros. Me acuerdo de los locos de Capuchinos, y de que no estaban tan locos. Me acuerdo de cuando el cine costaba una peseta. Me acuerdo de una tía que era monja de clausura y dormía en una piedra; se salió y se murió de la humedad. Me acuerdo de las casas de sala y alcoba. Me acuerdo de las cartillas de racionamiento. Me acuerdo de que las mujeres no podíamos ir por detrás del Cómico. Me acuerdo de que el chalé del sarcófago me daba miedo.
Todos esos “me acuerdo” a lo Georges Perec, pero en gaditano –y otros muchos más– los ha ido recogiendo el escritor David Monthiel en ¡Qué bien se está aquí!: el volumen en el que plasma las vivencias de los participantes en el taller Las herramientas y la memoria. Un proyecto enmarcado dentro del Plan Lector del Ayuntamiento de Cádiz, y financiado por La Caixa y Cajasol, que nació como taller de escritura autobiográfica, pero sin la pretensión de dejar un relato hilvanado por escrito. “De hecho, parte de los ejercicios tenían corte cognitivo: juegos de palabras y demás. Ocurre que, cuando Yolanda Vallejo se enteró de lo que estábamos haciendo, pensó que sería buena idea dejar un testimonio”, explica Monthiel.
Las herramientas y la memoria convocó a diez participantes, todos ellos residentes de Adema, durante veinte sesiones en la biblioteca Celestino Mutis. La edad media de los alumnos era de 85 años:la mayor, Carmen, tiene 97. Sus historias, la trayectoria de sus vidas, están llenas de ejemplos prácticos de “la corta distancia que existe entre la historia oficial de la prensa y la vida privada”.
Monthiel no esperaba, y se encontró con, la guasa – “Los años míos están en el Diario de Cádiz”–. Lecciones de “las sabias de la tribu”, puesto que la mayoría eran mujeres:“La María normalmente dura más que el José”, le decían. La vida podía haber sido distinta, sí.La vida ha sido mucho trabajar y deslomarse y, en general, aprender las letras tan con alfileres que ahora apenas queda nada. “Ese es uno de los motivos –explica David Monthiel– por los que, a la hora de recopilar de forma ‘oficial’ lo que me contaban, tenía que ser oral”. No haber ido al colegio era, en efecto, una de las quejas más comunes del grupo.
¡Qué bien se está aquí! es, por tanto, una tercera vía entre ambas fórmulas: una oralidad escrita, que recoge exactamente lo que sus protagonistas cuentan, pero con la línea marcada del coordinador. Toda la experiencia, además, se ha desarrollado desde la retroalimentación:“A la vez que los alumnos iban contando sus vivencias, yo iba aportando cosas. Anécdotas de Las 1001 historias de Pericón, les hablaba de la Morilla de Falla y su relación con el flamenco, de los sarcófagos fenicios...” Y en el ejercicio de memoria, se ha echado mano también de recursos:de imágenes, de titulares, de canciones, hasta de frases de Confucio.
Lo que todos recuerdan muchísimo, sin necesidad de atajos, es la explosión del 47. Que estaban en el cine y el suelo se movió. Que no sabían dónde estaba su familia. Que fueron a la playa pero tenían mucho miedo, porque les dijeron que podía estallar otra bomba. Que la explosión se vio y escuchó desde Sanlúcar. Que el suelo de la ciudad quedó completamente cubierto por una alfombra de cristales.
“Abunda la memoria de los notables. Pero a mí me gustan todas esas memorias secretas que tienen que ver con la vida cotidiana, y que te las da la gente, digamos, normal: la rutina de las casas, los bares, las canciones... De cómo vivían los carnavales, de cuando llegaron las canciones en inglés, ‘de los modernos’ : recuerdan el Cortijo de los Rosales, pero los había que no podían ir, y se ponían a escuchar en la verja del parque”, comenta.
Ah, lo agridulce. “Y hay recuerdos –continúa Monthiel– en los que es más complicado entrar: para algunos, resulta difícil explicar que se ha pasado hambre. Porque se pasó hambre”. “Vivía yo sola con mis hermanos. Éramos nueve. Pues yo los llevaba tos palante”, dicen tan normales, tan terribles, sin sensiblería.
En gran parte de lo que hace David Monthiel –en sus novelas, en sus artículos–, es posible atisbar un compromiso con la puesta en valor del pasado, o con el patrimonio que aún tenemos pero que damos por hecho, que invisibilizamos.
“Absolutamente –acota–. Yo doy otro taller de memoria en extramuros, aunque los participantes no son tan mayores. Este taller se ha ido convirtiendo, más allá de las cosas que sabía o de las que tenía una idea de fondo, en una puerta de entrada al pasado. Todos los testimonios que salen aquí lo son de gente trabajadores:en consignatarias, en astilleros, ferroviarios, maestras, sirviendo de “medios días...”
¿La mejor anécdota? Es difícil, pero sin duda esta es muy buena:“El Lapero era el lugar en el que se tiraba la basura en el Campo del Sur –cuenta David Monthiel–. Por lo visto, ahí se echaba de todo. Un día tiraron el colchón de una mujer mayor y, al caer, salieron volando un montón de billetes, y la gente, los basureros, tras ellos como locos, claro”.


https://www.diariodecadiz.es/ocio/acuerdo-locos-Capuchinos_0_1327367561.html

04 enero 2019

Lista 2018

1. El cazador de historias, Eduardo Galeano. 
2. El estilo Höltz, Paco Ignacio Taibo II 
3. Inquilinos, Paco Ignacio Taibo II. 
4. López Obrador, los inicios, Paco Ignacio Taibo II. 
 5. Víctima sin rostro, Janwillen Van de Wetering 
6. Tea rooms, Luisa Carnés.
7. Con los ojos cerrados, Gianrico Carofiglio 
8. Nosotros, Y. Zamiatin. 
9. Guapa de Cara, Rafael Reig. 
10. Hegemonías, crisis, movimientos de resistencia y procesos políticos, Xavier Domenech. 
11. Joy, Daniel Chavarría 
12. Marilyn la Fiera, Jerome Charyn. 
13. Todo Modo, Leonardo Sciascia. 
14. Los apuñaladores, Leonardo Sciascia. 
15. El caballero y la muerte, Leonardo Sciascia. 
16. El teatro de la memoria, Leonardo Sciascia. 
17. La vida misma, Paco Ignacio Taibo II 
18. La soledad del manager, Manuel Vázquez Montalbán. 
19. La verdad del Caimán, Massimo Carlotto 
20. Masacre en Maine, Janwillen Van de Wetering 
21. Carta Blanca, Carlo Lucarelli. 
22. Disparen sobre el pianista, David Goodis. 
23. Que de lejos parecen moscas, Kike Ferrari. 
24. El asesinato de los marqueses de Urbina, Mariano Sánchez Soler.
25. Hasta el último aliento, José Giovanni 
26. Todo está bien, Daniel Ruiz García 
27. Offshore, Petros Markaris 
28. Ojos de agua, Domingo Villar 
29. La literatura en la construcción de la ciudad democrática, Manuel Vázquez Montalbán. 
30. La gran ola, Daniel Ruiz 
31. Galería del crimen, Pedro Ingelmo. 
32. El demonio vestido de azul, Walter Mosley. 
33. Belleza sin ley, Juan Goytisolo. 
34. El libro tachado, Patricio Pron. 
35. El coro a dos voces, Fernando Quiñones. 
36. Dudas razonables, Gianrico Carofiglio. 
37. No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, Patricio Pron 
38. Los mares del sur, Manuel Vázquez Montalbán. 
39. La vida interior de las plantas de interior, Patricio Pron. 
40. Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, Emmanuel Carrére. 
41. El informe de la minoría, Philip k. Dick. 
42. El secreto del mal, Roberto Bolaño. 
43. Cartas a un joven novelista, Mario Vargas Llosa. 
44. El orden del día, Eric Vuillard. 
45. El núcleo del disturbio, Samanta Scheweblin. 
46. Pájaros en la boca, Samanta Scheweblin. 
47. Siete casas vacías, Samanta Scheweblin. 
48. Distancia de rescate, Samanta Scheweblin.
49. La dimensión desconocida, Nona Fernández 
50. Allá ellos, Daniel Chavarría 
51. El Cádiz de las Cortes, Ramón Solís. 
52. El diccionario del diablo, Ambrose Bierce. 
53. Calibán y la Bruja, Silvia Federici. 
54. 50 consejos para ser escritor, Colum McCann. 
55. Arte y artistas flamencos, Fernando el de Triana. 
56. Los detectives salvajes, Roberto Bolaño. 
57. El misterio de Mangiabarche, Massimo Carlotto. 
58. El club de los suicidas, Robert Louis Stevenson. 
59. La nariz, Nikolai Gogol. 
60. El extraño caso del doctor Jekill y Mister Hyde, Robert L. Stevenson. 
61. Viaje a la semilla, Alejo Carpentier. 
62. El reino de este mundo, Alejo Carpentier. 
63. Concierto barroco, Alejo Carpentier. 
64. Zen en el arte de escribir, Ray Bradbury. 
65. Talco y bronce, Montero Glez. 
66. Curva, Aurora Delgado. 
67. Octubre, China Miéville 
68. La ley de Carter, Ted Lewis. 
69. El barrio, Gonçalo M. Tavares 
70. Cómo acabar con la contracultura, Jordi Costa. 
71. Los casos del Comisario Croce, Ricardo Piglia. 
72. La ciudad está triste, Ramón Diaz Eterovic. 
73. Los cachorros, Mario Vargas Llosa. 
74. Los premios, Julio Cortázar. 
75. La rabia de vivir, Mezz Mezzrow y Bernard Wolfe. 
76. La literatura nazi en América, Roberto Bolaño. 
77. La ciudad y la ciudad, China Miéville.