01 agosto 2020

JULIOS DIAMANTES PARA LA DICTADURA DEL CINE COMERCIAL 50 años del Festival Alcances

David Monthiel

 

1. Una alfombra roja para Julio Diamante

            El cineasta Julio Diamante aparece en el escenario del Teatro del Títere, el antiguo cine Cómico, ese refugio en sesión doble, para entregar el premio que lleva su nombre en la gala de clausura del Festival de cine documental Alcances 2018. Viene lento, pero viene. Con su muleta y su magnánima vejez, Julio siempre viene, nunca falta a Alcances. Y el día que no venga lamentaremos que muchos no recuerden sus películas ni que escribió Blues Jondo y que fue uno de los fundadores del Hot Club de Madrid, que le dio coba a la censura, que aparecía en informes de la policía como alguien a detener, que dio clases de cine, que lo echaron de esa misma escuela de cine y que mantuvo con el torturador Conesa una charla de cine sueco durante un interrogatorio en la DGS, que cantó ante el féretro de Luis García Berlanga:

            Cuando se muere algún pobre,

            qué triste va el entierro.

            Y cuando se muere un rico

            va la música y el clero.

            Julio se planta en mitad del escenario y recibe el aplauso del público, de las documentalistas premiadas, de las autoridades. Ahí sigue. Y esperemos que por muchos años. Porque la aparición de Julio es, quizá, el fundamento de una ceremonia de clausura en el que no hay apariencias. Es un acto sin alharacas, sin mamoneitos y sin croqueteo. Como si la alfombra roja se pusiera para que gente como Julio, bastante rojo, pueda venir.

            Y se premia y se agradece. Y se acabó. ¿Qué más queréis?

 

2. Alcanzando lo inalcanzable

            Ahora llega el parágrafo del artículo en la que hago un resumen de la historia del festival para que, ustedes, desocupados lectores, reflexionen y valoren la importancia del mismo dentro de los festivales de cine de Andalucía. Podría empezar hablando de su fundación de la mano de Fernando Quiñones, una suerte de protogestor cultural que se adelantó en concepto al "II Festival internacional de...", a las "Semanas de proyecciones de..." y a las "Muestras de cine...". Porque Fernando se inventó una marca y un logo: una caracola que escondía, dándole coba a la censura y la autoridad competente, el ojo de Ernesto Guevara. Fernando ingenió algo que ahora se llama branding o naming y que todos los eventos culturales buscan como marca dentro del mercado de sensibilidades culturales.

            Podría seguir contando que es uno de los pocos festivales que tiene a gala no haber celebrado su primera edición. La Autoridad Competente de 1968 la prohibió con todo programado. Podría describir un Cádiz pobre culturalmente para resaltar la aparición de la semana cultural como algo fundamental para la ciudad. Pero no les quiero mentir. Cultura en la ciudad, madre del flamenco, había a espuertas desde aquel día fechado como ochenta años después de la guerra de Troya y en el que había leyes en verso de seis mil años de antigüedad, según Estrabón.

            Lo que sí parecía faltar en el ambiente asfixiante del franquismo para la progresía cultureta gaditana era la vanguardia de las producciones artísticas del año revolucionario por excelencia. Alcances quería alcanzar la nueva música, el cine del momento, quería sesiones golfas, conversaciones eternas hasta el alba. Podría asegurar, con orgullo, que era una semana multidisciplinar, un espacio de encuentro en el que se veían películas, se ponían discos y se hacían esas cosas que ahora se llaman actividades paralelas y que trufan los festivales buscando nuevos públicos, nuevos espacios, nuevos diálogos entre arte, cine y hostelería. Y eso mucho antes de que los hermanitos pequeños de Alcances crecieran y se tematizaran.

            Podría evocar el anecdotario: la tumultuosa proyección del Decameron de Pier Paolo Pasolini en la que se arrolló a los extintos acomodadores, la picaresca y tangazos (otra vez) cuando se prohibió (esta vez por la autoridad democrática) la proyección de "El imperio de los sentidos". Podría recordar la multiplicación de los carnés de periodistas como milagro en la cola del pase de prensa de la película japonesa. Podría recordar el affaire de la bandera de la URSS y su confección, a última hora, ante la petición protocolaria del embajador. Porque Alcances tiene el honor y la gloria de ser el primer festival que dedicó una semana al cine de la Unión Soviética.

            1992. A Alcances le ponen el sobrenombre de Muestra Cinematográfica del Atlántico. Cambian los gestores. Vinieron los cortometrajes y los que luego fueron apellidos grandes del cine. En 2006, el festival, como Quevedo, le preguntó al vacío y la respuesta fue: cine documental. Hace falta un festival de cine documental, se dijo en algunas administraciones que financian. La apuesta se adelantó tres años a la explosión del género. El documental de creación fue la apuesta. Y el trabajo de Manuel Jiménez, Sergio Oksman, por decir dos. Y hasta hoy. Y, por favor vean "Hombres de sal", Premio RTVA al mejor corto andaluz al Mejor Documental Andaluz en el Festival.

 

3. Diecisiete instantes para la primavera documental

            Alcances cumple años y tiene una seña de identidad clarísima a pesar de las nostalgias paralizadoras de muchos. Es un festival honesto. Pequeño. De riesgo. Familiar, de eso que se llama familia grande. Que se viene arriba cada vez que puede y sigue rechazando, como siempre, las alfombras rojas. Que apuesta por lo que ha hecho siempre: resistir los embates del mercado y sus embaucadores con líneas y decisiones claras. La diáspora digital obliga al criterio selectivo y a ofrecer lo mejor de la producción actual del cine documental. Y ahí: lo clava.

            El año de su quincuagésima edición vino con nuevo logo de la caracola y una pieza que ha funcionado como instalación audiovisual, como imagen y cartel del festival. Vino con un espacio nuevo, desechando las salas de cines comerciales y el Teatro Falla. Ha concentrado toda su actividad en el ECCO, el espacio de cultura contemporánea, un edificio en el que se han desarrollado todas las actividades para regusto de los asistentes. Conciertos, charlas, desayunos con directores, proyecciones, cerveceo, charloteo. ¿Qué mas queréis?

            ¿Cosas buenas? A patás. Un público no habitual petó (llenó) el patio del ECCO en la apertura y clausura. Y el habitual pasó de una actividad a otra con la suavidad de las cosas fáciles y sencillas. Alcances sigue palante. Con sesión retrospectiva del cine mítico, ese que algunos echan de menos sin necesidad. Con mayoría de mujeres documentalistas y premiadas. "Mikele" de Ekhiñe Etxeberria y "Wan Xia, la última luz del atardecer" de Silvia Rey, consiguieron los premios de Mejor Mediometraje y Mejor Cortometraje. "Todas las mulleres que coñezo" de Xiana do Teixeiro, consiguió el Premio del Público y un debate posterior a la proyección de cincuenta minutos. El resultado, a mi entender, es un acierto. A pesar de las dificultades, los ajustes al nuevo entorno y los problemas a resolver sobre el sonido y la comodidad de las salas.

            Y ya. La primera novela de la serie Stirlitz, mal llamado por publicistas como el James Bond soviético, escrita por Yulian Semionov, se titulaba "Diamantes para la dictadura del proletariado". Acaban de reeditarla. Y me sirve para reclamar un, dos, tres, cien Julios Diamantes para la dictadura del cine comercial. Larga vida a Alcances.

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