01 febrero 2021
01 agosto 2020
JULIOS DIAMANTES PARA LA DICTADURA DEL CINE COMERCIAL 50 años del Festival Alcances
David Monthiel
1. Una alfombra roja para Julio Diamante
El cineasta Julio Diamante aparece en el escenario del Teatro del Títere, el antiguo cine Cómico, ese refugio en sesión doble, para entregar el premio que lleva su nombre en la gala de clausura del Festival de cine documental Alcances 2018. Viene lento, pero viene. Con su muleta y su magnánima vejez, Julio siempre viene, nunca falta a Alcances. Y el día que no venga lamentaremos que muchos no recuerden sus películas ni que escribió Blues Jondo y que fue uno de los fundadores del Hot Club de Madrid, que le dio coba a la censura, que aparecía en informes de la policía como alguien a detener, que dio clases de cine, que lo echaron de esa misma escuela de cine y que mantuvo con el torturador Conesa una charla de cine sueco durante un interrogatorio en la DGS, que cantó ante el féretro de Luis García Berlanga:
Cuando se muere algún pobre,
qué triste va el entierro.
Y cuando se muere un rico
va la música y el clero.
Julio se planta en mitad del escenario y recibe el aplauso del público, de las documentalistas premiadas, de las autoridades. Ahí sigue. Y esperemos que por muchos años. Porque la aparición de Julio es, quizá, el fundamento de una ceremonia de clausura en el que no hay apariencias. Es un acto sin alharacas, sin mamoneitos y sin croqueteo. Como si la alfombra roja se pusiera para que gente como Julio, bastante rojo, pueda venir.
Y se premia y se agradece. Y se acabó. ¿Qué más queréis?
2. Alcanzando lo inalcanzable
Ahora llega el parágrafo del artículo en la que hago un resumen de la historia del festival para que, ustedes, desocupados lectores, reflexionen y valoren la importancia del mismo dentro de los festivales de cine de Andalucía. Podría empezar hablando de su fundación de la mano de Fernando Quiñones, una suerte de protogestor cultural que se adelantó en concepto al "II Festival internacional de...", a las "Semanas de proyecciones de..." y a las "Muestras de cine...". Porque Fernando se inventó una marca y un logo: una caracola que escondía, dándole coba a la censura y la autoridad competente, el ojo de Ernesto Guevara. Fernando ingenió algo que ahora se llama branding o naming y que todos los eventos culturales buscan como marca dentro del mercado de sensibilidades culturales.
Podría seguir contando que es uno de los pocos festivales que tiene a gala no haber celebrado su primera edición. La Autoridad Competente de 1968 la prohibió con todo programado. Podría describir un Cádiz pobre culturalmente para resaltar la aparición de la semana cultural como algo fundamental para la ciudad. Pero no les quiero mentir. Cultura en la ciudad, madre del flamenco, había a espuertas desde aquel día fechado como ochenta años después de la guerra de Troya y en el que había leyes en verso de seis mil años de antigüedad, según Estrabón.
Lo que sí parecía faltar en el ambiente asfixiante del franquismo para la progresía cultureta gaditana era la vanguardia de las producciones artísticas del año revolucionario por excelencia. Alcances quería alcanzar la nueva música, el cine del momento, quería sesiones golfas, conversaciones eternas hasta el alba. Podría asegurar, con orgullo, que era una semana multidisciplinar, un espacio de encuentro en el que se veían películas, se ponían discos y se hacían esas cosas que ahora se llaman actividades paralelas y que trufan los festivales buscando nuevos públicos, nuevos espacios, nuevos diálogos entre arte, cine y hostelería. Y eso mucho antes de que los hermanitos pequeños de Alcances crecieran y se tematizaran.
Podría evocar el anecdotario: la tumultuosa proyección del Decameron de Pier Paolo Pasolini en la que se arrolló a los extintos acomodadores, la picaresca y tangazos (otra vez) cuando se prohibió (esta vez por la autoridad democrática) la proyección de "El imperio de los sentidos". Podría recordar la multiplicación de los carnés de periodistas como milagro en la cola del pase de prensa de la película japonesa. Podría recordar el affaire de la bandera de la URSS y su confección, a última hora, ante la petición protocolaria del embajador. Porque Alcances tiene el honor y la gloria de ser el primer festival que dedicó una semana al cine de la Unión Soviética.
1992. A Alcances le ponen el sobrenombre de Muestra Cinematográfica del Atlántico. Cambian los gestores. Vinieron los cortometrajes y los que luego fueron apellidos grandes del cine. En 2006, el festival, como Quevedo, le preguntó al vacío y la respuesta fue: cine documental. Hace falta un festival de cine documental, se dijo en algunas administraciones que financian. La apuesta se adelantó tres años a la explosión del género. El documental de creación fue la apuesta. Y el trabajo de Manuel Jiménez, Sergio Oksman, por decir dos. Y hasta hoy. Y, por favor vean "Hombres de sal", Premio RTVA al mejor corto andaluz al Mejor Documental Andaluz en el Festival.
3. Diecisiete instantes para la primavera documental
Alcances cumple años y tiene una seña de identidad clarísima a pesar de las nostalgias paralizadoras de muchos. Es un festival honesto. Pequeño. De riesgo. Familiar, de eso que se llama familia grande. Que se viene arriba cada vez que puede y sigue rechazando, como siempre, las alfombras rojas. Que apuesta por lo que ha hecho siempre: resistir los embates del mercado y sus embaucadores con líneas y decisiones claras. La diáspora digital obliga al criterio selectivo y a ofrecer lo mejor de la producción actual del cine documental. Y ahí: lo clava.
El año de su quincuagésima edición vino con nuevo logo de la caracola y una pieza que ha funcionado como instalación audiovisual, como imagen y cartel del festival. Vino con un espacio nuevo, desechando las salas de cines comerciales y el Teatro Falla. Ha concentrado toda su actividad en el ECCO, el espacio de cultura contemporánea, un edificio en el que se han desarrollado todas las actividades para regusto de los asistentes. Conciertos, charlas, desayunos con directores, proyecciones, cerveceo, charloteo. ¿Qué mas queréis?
¿Cosas buenas? A patás. Un público no habitual petó (llenó) el patio del ECCO en la apertura y clausura. Y el habitual pasó de una actividad a otra con la suavidad de las cosas fáciles y sencillas. Alcances sigue palante. Con sesión retrospectiva del cine mítico, ese que algunos echan de menos sin necesidad. Con mayoría de mujeres documentalistas y premiadas. "Mikele" de Ekhiñe Etxeberria y "Wan Xia, la última luz del atardecer" de Silvia Rey, consiguieron los premios de Mejor Mediometraje y Mejor Cortometraje. "Todas las mulleres que coñezo" de Xiana do Teixeiro, consiguió el Premio del Público y un debate posterior a la proyección de cincuenta minutos. El resultado, a mi entender, es un acierto. A pesar de las dificultades, los ajustes al nuevo entorno y los problemas a resolver sobre el sonido y la comodidad de las salas.
Y ya. La primera novela de la serie Stirlitz, mal llamado por publicistas como el James Bond soviético, escrita por Yulian Semionov, se titulaba "Diamantes para la dictadura del proletariado". Acaban de reeditarla. Y me sirve para reclamar un, dos, tres, cien Julios Diamantes para la dictadura del cine comercial. Larga vida a Alcances.
12 diciembre 2019
«Bechiarelli es el epítome de la poca vergüenza»
David Monthiel: «Bechiarelli es el epítome de la poca vergüenza»
El escritor gaditano publica «Nuestra señora de la esperanza» (Roca Editorial), Premio Internacional de Novela LH Confidencial 2019

Novela negra gaditana
Pues me llena de orgullo y
satisfacción que estemos publicando en editoriales grandes y que se nos
lea con atención, que aparezcamos dentro de la escena del policial como
escritores interesantes y de calidad. El éxito de ambos es algo que me
alegra mucho. Eso sí: quizá deberían aparecer más escritoras. Las
necesitamos.26 julio 2019
16 mayo 2019
13a edición del Premio de Novela Negra L’H Confidencial
L’escriptor David Monthiel guanya la 13a edició del Premi de Novel•la Negra L’H Confidencial
Per emetre el veredicte, el jurat ha tingut en compte el rerefons de la novel•la, l’espai on es desenvolupa i els personatges, que transiten per una trama ben estructurada. Ambientada en el moment actual, l’autor barreja política, injustícies socials, manipulacions informatives, turisme, tràfic de drogues i la bombolla immobiliària.
El jurat també ha valorat el protagonisme que té la ciutat de Cadis, poc present en la novel•la negra espanyola, i l’homenatge que l’autor dedica a Manuel Vázquez Montalbán i que es detecta clarament en el desenvolupament de la intriga.
Nuestra señora de la esperanza és la tercera novel•la protagonitzada pel detectiu Rafael Bechiarelli, després de Carne de Carnaval (2017) i Las niñas de Cádiz (2018).
David Monthiel va néixer a Cadis el 1976. A més de la trilogia Bechiarelli ha publicat el llibre de relats Yuri Gagarin que estás en los cielos (2011) i els poemaris Apuntes para una teoría del valor (2013), Libro de la servidumbre (2011) i Apuntes de la servidumbre (2009), entre d’altres. També ha dirigit el guió del curt documental guanyador del Docuexpress 2017 del festival de cine documental Alcances, La memoria fantasma, del qual és també l’autor.
El jurat d’aquesta edició ha estat presidit pel regidor de Cultura, David Quirós, i format per l’editora Blanca Rosa Roca; la cap de Biblioteques de L’Hospitalet, Anna Riera; la directora en funcions de la Biblioteca la Bòbila, Esther Ruiz; els membres del Club de Lectura de Novel•la Negra Manuel López i Mari Carmen Úbeda, i els especialistes en novel•la negra Jordi Canal i Àlex Martin.
El premi, promogut per la Biblioteca la Bòbila i convocat per l’Ajuntament de L’Hospitalet i Roca Editorial, està dotat amb 12.000 euros. La novel•la es publicarà el mes d’octubre. El guardó s’ha consolidat com un dels més prestigiosos del gènere negre. El lliurament del premi tindrà lloc el 19 d’octubre en un acte públic a la Biblioteca la Bòbila.
23 marzo 2019
UN TEXTO
Buenas tardes. Es un placer y una responsabilidad estar aquí. Y veros juntos y juntas. Vengo como presentador. Voy evitar asustaros con estribillos trabalenguas de que los tiempos oscuros vienen... porque ya están aquí. Voy a intentar evitar en todo momento contrarrestar las fantasías negativas del columnista de turno que afirma que todo lo que hace el alcalde está fatal, es inmoral y engorda. Y desechar la rima estrella de este año: esa de "carril bici-kichi" a propósito del futuro del aparcamiento en esta ciudad, que necesita bicicletas. Me costará. Soesasí.
Vengo como invitado pero no para exaltar las posibilidades y maravillas de la coalición, la alegría de un acuerdo, la solidez de la unión en Adelante Cádiz. De la que me alegro. Y mucho. No vengo de poeta partero de versos que apoyen la causa sin más, inflamando el aire que compartimos con metáforas e imágenes de la primavera que viene o se espera. No vengo como tasa de cultureteo para la galería. No vengo como intelectual de guardia ni de vanguardia, sino de retaguardia. Vengo, pero con mi puntito. Y mi mano tendida.
Hace cuatro años también fui a San Juan de Dios junto nuestro humilde comité de bienvenida. Me emocioné. Me gustó que un alcalde de Cádiz, viñero y comparsista, profesor de secundaria y sindicalista, citara a Ernst Bloch y luego hablara de resolver graves necesidades de la ciudad y su gente. Necesidades tan materialistas y viejas como el hambre, el techo, la cultura, el trabajo.
—Inaudito, picha.
Cuatro años después aquí estamos. Habéis tenido paciencia al nivel de Job ante la desesperación de los plenos, ante la guerra, las calumnias, los golpes bajos, las mentiras, la difamación. Las querellas. Habéis sufrido el desgaste como praxis política. Que pase el tiempo —un año, dos— y os queméis en la hoguera de los medios. Y no hay más discurso, ni más propuestas, ni más nada. Sólo el deterioro sistemático, gris.
Cuatro años después aquí estamos. En Cádiz, año cero. Pero no nos lanzaremos al vacío como el niño rubio de la película de Rossellini (referencia cultureta). Porque sigo pensando que si perdéis, perdemos todos y todas. Si pierde este ayuntamiento perdemos todas.
Estábamos acostumbrados a la oposición, a la crítica más crítica, a desmontar pieza a pieza el motor del capitalismo, del neoliberalismo y su sentido común que hace pasar por naturaleza algo que es irracional, como el aumento de la tasa de ganancia a costa de extinguirnos, que somos individuos sin comunidad, que somos malos y egoístas por naturaleza, que las mujeres, cuando protestan y reclaman sus derechos, lo hace por envidia. Eso de que en la tormenta no se distinguen las lágrimas de los escupitajos. Mentiras.
Somos comunidad desde que somos una piel debajo de una piel, necesitamos del otro, de la otra, debemos escucharlo, y sobre todo al otro, la otra que sufre más que nosotros. Porque este es un momento positivo en la política. Debéis construir. El momento positivo de la política es un reto del que no se tienen mapas, ni recetas, se va haciendo, con errores, ya que la institución no es perfecta ni lo será nunca, pero siempre con la idea de que el poder es servicio, es obediencia, que la legitimidad no está en el asiento, en el sillón, en el escaño en el que os vais a sentar, sino en eso que se ha venido a llamar pueblo, y que es una palabra mesiánica, según los listos que lo ven todo mal.
Sigo pensando que debemos tener cada mañana oído de discípulo. Ser guionistas que se suben en el autobús de la realidad. Ser como Quiñones poniendo la oreja en la plaza de abastos: "Aquí, trabajando", decía al que le preguntaba qué hacía allí.
¿Qué vendrá? No lo sabemos. ¿El tiempo de la ilusión, de la esperanza? Yo lo llamaría el tiempo de la fe, y no os asustéis queridos y queridas jacobinos, porque la fe es cuando el pueblo cree en algo y en alguien, y sobre todo cuando cree suficientemente en sí mismo como motor de cambio. Es el tiempo de tener fe en esta lista, en este alcalde, estos concejales, pero también en la gente de Cádiz, en la comunidad. Estamos en el tiempo del tós por iguá. El de vámono que nos vamo.
Y aquí seguimos.
Porque aún tenemos la máscara más útil, la del respeto a los de siempre. A los que siguen ahí, durmiendo tranquilos en el orden injusto. Aún nos habita el furor del mañana mejor, en la entraña más oculta para el asentimiento, para las órdenes, para las abstenciones, para los miedos, para las mordazas.
Porque es esta nuestra respuesta ante la escondida verdad de la historia. Porque heredamos una pregunta manchada de vivas a la muerte, de ricino, de tiros al alba, de cunetas, de adjetivos modélicos, de turnos, de puertas giratorias, de sobres, de pactos, de cansancio. Empuñamos un orgullo acechado por el hambre, la sed, el cucharón y el paso atrás, el pan negro, la sombra repetida de las cárceles y el abrazo más frío de las fosas sin nombre. Es nuestra la sangre que pusieron sobre las fechas. Son nuestros los fantasmas que recorren las manos agrietadas, las manos muertas, los dedos perdidos, las listas negras y los folletos que la lluvia deslía en el puerto, tabacalera, astilleros, aeronáutica, los talleres, los polígonos.
Fuimos los hijos e hijas en las zanjas de un apellido. Pero regalamos esta sonrisa acechada de sudores y lobos. En el coraje de lo suficiente. Y silbamos canciones que comparten pérdidas, desalojos, fatiguitas, revueltas. Tenemos un hogar en cualquier parte en la que haya buena gente. Y el consuelo de andar juntos. Sabemos que en el montón de hojas caídas no se distingue de qué rama, de qué árbol, de qué jardín se huye.
Debemos encontrarnos en el trayecto de espinas de la esperanza. Cuidarnos en la afrenta sin brújula. En el laberinto de las obligaciones. Debemos llegar cerca. Nada de lejos. Cerca.
Porque cada uno, cada una, apenas poseemos un puñado de teselas, de piedritas, para construir el mosaico, este mosaico juntos, para unirnos en la esperanza, en los deseos, en las acciones. Porque aún hoy hay quienes arrojan sus teselas al río sucio del tiempo, quienes se apedrean así mismos en la oscuridad y quienes las siembran en las murallas que nos separan.
Pensadlo: Apenas un puñado de teselas. Un mosaico, juntos.
Hoy, algunos las miramos.
Y las apretamos con fuerza en la mano.
15 febrero 2019
¡Qué bien estamos aquí!
"Me acuerdo de los locos de Capuchinos, y de que no estaban tan locos"
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David Monthiel recoge en '¡Qué bien se está aquí!' los
testimonios recogidos en el taller Las herramientas de la memoria,
desarrollado por el Plan Lector
- La edad media de los participantes ha sido de 85 años
Pilar Vera
https://www.diariodecadiz.es/ocio/acuerdo-locos-Capuchinos_0_1327367561.html


