Maldijo cien veces al dios dichoso
del que fue madre la usura de labios abiertos:
que arrasaren su cuerpo laso las sombras
que comen heces. Que pústulas sean sus manos,
secos los ojos ciegos en la queja.
Que este tiempo añadido a los clavos
sea más leña seca para el corazón ardiente
en las heladas noches del invierno.
En vano en su piedad la fe pusimos.
Y vienen las horas de más, los odios, la hartura.
Y nos adjudica la burla forzosa
de los que destejen la órdenes
en un hilo que nos cerca y ata.
Luego concluyó algo más convencido:
Me las paga.
Este cabrón me las paga.
un poema de jaime gil de biedma*
-
*Lágrima*
No veían la lágrima.Inmóvil
en el centro de la visión, brillando,
demasiado pesada para rodar por mejilla de hombre,
inmensa,
decían que una n...
Hace 2 horas

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada