16 junio 2010

Variaciones: marañas y enredos- Celia García

Who Said It Was Simple
There are so many roots to the tree of anger
that sometimes the branches shatter before

Audre Lorde

Sólo la mujer está excluida por la naturaleza de las cosas que es la naturaleza de las palabras, y hay que decir que si hay algo que ellas mismas lamentan en el momento presente es eso: simplemente no saben lo que dicen, y esa es la diferencia entre ellas y yo.

Jaques Lacan

La rabia, el extrañamiento y el encuentro
El extrañamiento en la palabra –de la palabra–, la rabia, el encuentro. Una y otra vez se me aparecen como relámpagos en lo oscuro cuestiones y más cuestiones que van tomando cuerpo y que me conducen poco a poco y de diversas maneras a lanzarme a los abismos y a comenzar a jugar:
¿Cómo conciliar deseo y realidad?/ ¿Cómo hacer realidad nuestro deseo?/ ¿Cómo nos nombramos, cómo nombramos, cómo nos nombran?/ ¿Qué decir cuando tenemos la palabra? ¿Dónde la palabra? ¿Dónde la otredad, cómo la otredad? ¿Qué, quién, cómo se mantiene vivo al deseo? ¿Qué deseo? ¿Sospechas? ¡Shhh susurro!


Enredos en lo oscuro o epístola antigua

antigua Poeta hermana: palabras –nos guste o no perduran en un tiempo propio.

Adrienne Rich

Lo que a mí más me importa, hermana, extranjera, lo que intuyo y siento así sin más para todas o al menos para las que quieran querer –igual que para todos aquellos que también tengan el cuerpo abierto y se dejen– como digo, lo que intuyo y siento, algunas veces que no siempre, es cosa sin palabras que hiere y cura a un mismo tiempo y que la hace a una sentirse disfrutona y acompañada.
Este sentir profundo me parece a veces que puede ser apertura y puesta en marcha de un deseo que tiene cabida en este mundo –deseo y no idea alejada de la cosa, deseo que rezuma olores de tribu y encuentros sagrados, y qué más verdad que todo eso–, este sentir y prosigo entre el enredo, llega al mundo, nos llega, quizá, con el manejo de la rabia, una rabia que se puede tornar fuerza creativa, desmantelamiento del miedo y amor del afuera. Manejo de la rabia y no olvido, que a qué más olvidar ¿no? Y es que se me antojan, a veces, que van por cientos las máscaras del miedo que trabajan de a poquito y sin parar. Se me antoja también como juego valiente empezar a darles la vuelta, a buscarles el hueco, a aceptarlas para desarmarlas, para que sean otra cosa, para que duelan menos.
Y si seguimos tirando de los hilos múltiples y confusos que se me aparecen como huellas lejanas, a veces, compañera, también siento, pero no lo sé, pues cómo nombrar sin torpeza los adentros y los afueras sólo con las palabras, que ya sabemos que éstas no bastan y son sin embargo casi lo único que tenemos, pero como te digo a veces me da a mí que ese estremecimiento, ese sentir verdadero, puede venir del recuerdo de un mundo en confianza o puede quizá estar movido por el buen mirar, sabiendo una que está mirando sin más y dejándose así ser.
Dejar ser al ser dicen las que han visto1 y son generosas en el amor, y así nos lo cuentan para acompañarnos en los vivires, y no dejarnos pensar ya más que todo esto es: cosas de locas que «simplemente no saben lo que dicen» o desquiciadas o vete tú a saber, que son tantas las trampas que a veces nos despistamos con tanta palabra y tanta cosa fea.
Dejar ser al ser para quizá así poder sentirse una más gustosa, más juguetona, más predispuesta a los aconteceres mágicos, a los encuentros, a las otras.
Y es en este eterno preguntar, extranjera, hermana, en esta maraña de cuestiones desordenadas en las que esta noche ando nadando no exenta de miedo y alegría y acompañada como siempre por todas las benditas contradicciones.

Aventurarse y no saber

De lo que se trataba era de hablar del encuentro, de la posibilidad del encuentro con la otra, de la palabra. De aquello que no se puede nombrar y sin embargo es. De aquello que se resbala entre manos múltiples, y menos mal.
De lo que se trataba era de hablar del encuentro de cómo y por qué. De los fantasmas, del miedo, de la rabia. De la posibilidad de dar la vuelta a todo eso y probar. De lo que se trataba era también del deseo, ¡cómo no! Y ahora vuelvo a la hoja y lo sé y lo recuerdo, que estos debates son debates antiguos que cansan a algunas y sorprenden a otras por desmemoria o por placer. Pero es que me parecía a mí y me sigue pareciendo que no hay que dejar de preguntar, que es el mismo preguntar el que nos ayuda a unas y a otras (a las otras y las unas que somos todas) a salirnos y ver con ojos múltiples, es el mismo preguntar el que toma terreno real y hace. Y es que es quizá el enredo y no la certeza lo que anuncia la aurora, pero no lo sé…

En la revista feminista La Madeja, Cambalache, 2010
www.localcambalache.org
lamadeja@localcambalache.org