13 febrero 2012

ARTICULOS VIEJUNOS 4: Los nuestros

Los nuestros


Uno se hace follower, seguidor de un blog, visita de vez en cuando un foro y se parte la caja con las respuestas de la gente-para-todo, crea un grupo sobre señoras en la red social más famosa o propone y asiste a la quedada en la plaza roja de Moscú para llevar camisetas con CCCP serigrafiadas en un acto de homenaje a los deportistas de los ochenta que tantos nombres de grupos indie nos ha dado. Así es el sentido de pertenencia posmoderno: una comunidad que se conforma y diluye en un tiempo y espacio (virtual) determinado. Esos son los nuestros. El conjunto de personas encapsuladas en sí mismas que participan de la cultura del consumo.
Los cinéfilos estarán de acuerdo. Las referencias al cine norteamericano como cosmovisión — violenta— de la realidad dan para analizar el sentido de pertenencia. Si digo que los nuestros son los buenos y que ser uno de los nuestros es algo que no sólo otorga status y sociabilidad sino también empoderamiento violento todos estarán pensando en el Ray Liotta de “Uno de los nuestros”. Los viejos —y la FAES— creían que dios estaba de su lado (Dylan lo cantó antes de ser detenido por merodear, en realidad sólo paseaba, por un barrio en el que un extraño es fulminantemente captado por las cámaras de seguridad). Y que había que matarlos a todos —a los Otros— y que ya dios los iría seleccionando. El Nosotros durante cuarenta años fue aglutinador carpetovetónico y a una voz, grande y libre, en las plazas sembradas de cabecitas de extras —aquella figuración barata— en las que se clavaban aquellas pancartas tan poco espontáneas. Luego, en los treinta y dos años de primavera, ese nosotros se fue desinflando hasta que quedó en el reducto de los deportes.
Es ahí donde más se habla de los nuestros: en los partes de la guerra civil cotidiana. La sección de deportes —independizada del rodillo de noticias habitual con plató y publicidad propia— abunda en esta definición eufemística de patria. Los nuestros ganan, los nuestros pierden, los nuestros han hecho declaraciones, los nuestros son los mejores del mundo. Los nuestros son patrocinados por una corporación asesina. Las variantes de este eufemismo nacionalista son La Roja y La Armada.
Pero Los nuestros tienen algo de serpiente de metal con cable de espino, con aduanas y deportaciones en masa, ya sean a la manera de los servicios de inteligencia europeos o a lo narco (disparándote y descuartizando tu cadáver). Los nuestros: los deportistas. Esa rama de la industria farmacéutica. Eh, David, tío, no puedes estar contra el deporte. El deporte es bueno. Los chavales del mundial pasan de las políticas, juegan muy bien y limpio. De acuerdo, no entro en el deporte.
Los esclavos como CR7 no me interesan sólo como figuras explicativas del modelo de persona que seremos. El prejubilado Gabilondo lo afirmó: Xavi e Iniesta son dos ejemplos a seguir para la muchachada. Pobres científicos patrios, nadie los pone de ejemplo, a pesar del dinero que soltó el BBVA a La 2 para el programita de científicos fronterizos (quizá para despedirse porque están a punto de salir y llevarse su cerebro a otros páramos).
Cada vez que se alude a los éxitos deportivos nacionales (futbol, tenis, balonmano, etc.) se alude más a la exclusión que a la pertenencia. No comparto una idea de nación lastrada por un Supremo politizado que dibuja su sombra sobre las cunetas repletas de familiares de los que quedaron vivos tras nuestro fascismo. En el sur decadente en el que vivo y que será, cuando los escritores y escritoras se den cuenta, material para las novelas negras del futuro que me menten a España supone el asalto de la imagen de un segoviano cateto, mesetario con una bandera española sacándose la polla festivamente mientras celebra que su país ha ganado el mundial de fútbol y que él, blanco, español y heterosexual y del Real Madrid es parte también de ese nosotros que hace unos meses brotó como orgullo y seña de una patria, escondite de villanos, donde medra un señor como El bigotes o John Cobra.
La llamada esencialista del periodista deportivo engloba también a las empresas que depredan vidas y recursos en el planeta. Somos parte de Repsol, de Telefonica (sin tilde castellana). Son los nuestros en la batalla global por enriquecerse a costa de aquellos que a su vez nos ofertan sus vituallas vía telefónica con una voz de Sudamérica. No podemos fallarles. Si a las empresas les va bien a nosotros también. Si esos saquean más y mejor podemos suspirar tranquilos. Ergo Venezuela, Bolivia y demás: dictaduras!
Los otros (lo siento, sé que está tan mal visto el amenabarismo en el hipe cultural spanish que es que qué), como siempre están para, cuando llegue el momento de la pulsión homicida, echarles la culpa de todo. Los rumanos, los albano-kosovares, los gitanos, los del sur al sur, los del norte, los subsaharianos, los somalíes, los iraquíes, los ecuatorianos, los yokoono de la actualidad.
Los infieles, los descreídos que se niegan a tirar un microondas al año de comprarlo y que se topan con el cul-de-sac de la reparación, en la catástrofe venidera, imaginada o no, sabremos qué comunidad restringida y vip comienza a solicitar salvarse en el fin de los tiempos. Cuando la población del primer mundo vea afectada sus privilegios depredadores. Con el dios mercado de su parte.
El altísimo mercado los elegirá según sus capacidades. Y eso es así, dirán y cerrarán las fronteras que se han trazado dentro.