12 febrero 2008

PREFACIO A LA EDICIÓN ITALIANA DE CULTURA CONVERGENTE DE HENRY JENKINS

por Wu Ming (*)




En el mejor de los mundos posibles, la publicación de este libro sacudiría como un terremoto el debate italiano sobre Internet y las nuevas tecnologías de comunicación. Si no produce siquiera una mínima diferencia, significa que esa discusión es sólo una apariencia de vida, ventanas abatidas por el viento en una casa deshabitada, velatorio respecto al cual un poltergeist es el Carnaval de Río.
Cultura Convergente es un ensayo revolucionario por muchas razones. La primera es un rasgo característico anglosajón: ser comprensible, apasionante, lleno de demostraciones y ejemplos. En el texto a menudo se hace referencia a autores europeos, hábiles para brillantes construcciones teóricas, pero mucho menos dotados para traducirlas en un lenguaje inmediato y en prácticas sociales observables. Como por arte de magia, en las páginas de este libro toda oscuridad conceptual se hace cristalina.
El segundo mérito es que el profesor Jenkins se sumerge en la cultura popular de nuestro tiempo, toma fotografías sobre la forma en que las nuevas tecnologías la están cambiando, luego vuelve a la superficie y nos enseña un reportaje que, en realidad, no es acerca de los medios de comunicación sino sobre quienes los usan para comunicar. En sus fotos estamos nosotros.
Por cierto, es necesario hacer enseguida una aclaración importante.
En Italia por "cultura popolare" usualmente se entiende aquella tradicional, preindustrial o en todo caso la que sobrevive al industrialismo. "Cultura popolare" son los cantores sardos o la tarantela.
Quienes usan esta expresión en un contexto diferente, casi siempre hacen referencia a lo que en inglés se llama "popular culture". Aquí entre nosotros solemos definirla "cultura di massa", expresión que también tiene un homólogo en inglés ("mass culture"), pero Jenkins hace notar que ese nombre engendra un equívoco, y además hay matices de significado entre "mass culture" y "popular culture".
El equívoco está en que la "cultura de masas" - canalizada por los medios masivos (cine, tv, discografía, cómics) - no necesariamente tiene que ser consumida por grandes masas: también entra en esta definición un disco dirigido a una minoría de oyentes, o un género de cine específico estimado por un nicho underground. Hoy la gran mayoría de los productos culturales no es de masa: vivimos en un mundo de infinitos nichos y subgéneros. El mainstream generalista y "nacional-popular" es menos importante de cuanto haya podido serlo, y seguirá redimensionándose.
Los matices de significado, en cambio, consisten en esto: "cultura de masas" indica cómo se transmite esta cultura, es decir a través los medios masivos; "popular culture" pone el acento en quienes la reciben y se apropian de ella. Frecuentemente, cuando se habla del lugar que tal canción o tal película tiene en la vida de las personas ("¡Mira, es nuestra canción!"), o sobre cómo tal libro o tal cómic han influenciado cierta época, se usa la expresión "popular culture".
El problema es que el debate italiano sobre la cultura pop, noventa veces sobre cien, está relacionado con la basura que nos propina la televisión, como si lo "popular" fuera obligatoriamente eso, cuando existen distinciones cualitativas y evoluciones históricas, si no tendríamos que pensar que Sandokán, Star Trek, Lost, el TG4 [1] y La pupa e il secchione [2] están todos al mismo nivel, o que Springsteen, los REM, Frank Zappa y Shakira van todos en el mismo saco, o que no hay diferencia entre los libros de Stephen King y los de chistes sobre Totti, porque ambos están entre los más vendidos.
Hay dos alineamientos armados, uno contra otro, y de cuyas escaramuzas es conveniente mantenerse a distancia: por un lado, los que usan lo "popular" como justificación para producir y repartir inmundicia; por el otro, los que desprecian cualquier cosa que no sea consumida por una elite.
Son dos posiciones especulares, una subsiste a causa de la otra. La idea que las asocia es que el disfrute de la cultura pop es realizado por las masas mudas del Auditel [3], de los sondeos de mercado, de la taquilla.
La tercera gracia de este libro es exactamente esa: va a la raíz de muchos equívocos y los extirpa, desplaza el núcleo de los problemas, de un enredo intrincado de banalidades hacia una nueva perspectiva, un modo de afrontar las cuestiones que altera y rediseña cada barricada.
A finales de 2006, Jenkins ha ilustrado en su blog las ocho características fundamentales del escenario de los nuevos medios. No una colección de instrumentos y dispositivos, sino un conjunto de prácticas y perfiles culturales que retratan cómo los individuos y la sociedad se relacionan con los medios de comunicación.
Es interesante observar que en el debate local estos 8 elementos sí están reconocidos y aprobados, pero en la mayoría de los casos con una acepción trivial, inquietante o estereotipada. Son, por tanto, un excelente mapa para analizar en detalle justamente el género de equívocos que el libro ayuda a desterrar.
Según Jenkins, el panorama mediático contemporáneo es:

Henry Jenkins parla1. Innovador
Nadie lo niega. La rapidez con la que nuevas tecnologías de comunicación nacen, cambian y se combinan no está en discusión. En la mayoría de los casos, sin embargo, la extrema velocidad del proceso es el pretexto para decir que con las prisas estamos perdiendo algo: los libros, las relaciones personales, la vida verdadera. Los jóvenes navegan en Internet, juegan con la Playstation, descargan música en vez de desarrollar intereses culturales. La innovación tecnológica nos enriquece en el plano material pero nos depaupera en el humano, sobre todo si no nos da tiempo para digerir, reflexionar, escoger. Semejantes afirmaciones parten de (pre)juicios de valor y muy raramente mencionan ejemplos claros y concretos. Por el contrario, este libro ilustra centenares de casos reales donde las novedades técnicas estimulan la creatividad, abren territorios inexplorados, aumentan las oportunidades expresivas, diversifican la producción estética. Tal vez sea verdad para cualquier época, de la invención de la escritura en adelante, pero aún más para la que nos toca vivir, cada vez más participativa, "a bajo nivel de acceso", con un fuerte estímulo para crear y compartir, y la sensación difusa que la propia contribución "realmente vale algo".

decentramento2. Convergente
Una de las tesis de este libro es que el choque entre distintos medios, viejos y nuevos, es más una necesidad cultural que una opción tecnológica. Ordenadores y móviles llevan incorporadas múltiples funciones y se han transformado en teléfono, televisión, equipo de música, cámara de fotos, todo-en-uno. No obstante ninguno de estos conglomerados ha exterminado a sus adversarios específicos. Más bien son los contenidos de la comunicación a ser conjugados en todos los formatos, para poderse desplazar de un medio a otro y recibir así una distribución cada vez más capilar y extendida. Una cierta canción transmitida por la radio se convierte en tonadilla publicitaria en televisión, fichero a compartir en el ordenador, banda de sonido en el cine, clip de vídeo en YouTube, tono para el móvil, eslogan en una camiseta. No existe un polarizador específico, sea ordenador o móvil, capaz de transformar cada idea en un único producto, hecho de imagen, sonido, texto, relato. Todo lo contrario, cada idea puede tener muchas facetas, para ganarse varios instrumentos y atravesarlos todos.
Aquí entre nosotros se habla mucho más de convergencia tecnológica, de monstruosos móviles multifunciones, que de cultura transmedial. Y cuando lo hacen, la atención se centra en la estrategia de las multinacionales del entretenimiento, interesadas en "desplazar" sus contenidos, como caramelos de un máquina expendedora a otra. Nadie reflexiona sobre el hecho que ese mismo interés a menudo es compartido, subvertido y practicado en manera "ilegal" también por los consumidores, que mueven historias, sonidos e imágenes de un territorio a otro. Nadie acepta la idea que esta actividad febril responde también a un modelo estético, un nuevo modo de narrar, informar, sabotear, divertir. Sólo es marketing. Si eres un escritor, tienes que escribir una novela, un libro hecho de papel. Todo lo demás - sitios web, booktrailers, foros, contenidos extra - es material promocional, apéndice espurio que huele a dinero.

Multitasking3. Cotidiano
También en este caso, decir que los medios y las nuevas tecnologías forman parte de la vida cotidiana es un comentario de autobús, a medio camino entre miedo y entusiasmo, esclavitud egipcia y tierra prometida. Esta cotidianeidad tiene como subproducto al tristemente célebre multitasking, el estado de "atención parcial continua" que en Italia es la pesadilla de profesores, padres e intelectuales gentilianos [4]. Pocos admiten que se trata de una habilidad necesaria para afrontar el nuevo ambiente: mantener una atención difusa y "de baja intensidad" ante una gran cantidad de estímulos, para luego focalizarla con alta intensidad cuando uno de estos estímulos se modifica en forma significativa, o sea, nos advierte para prestar "más atención". El multitasking tendría que enseñarse a quienes no lo llevan en la sangre, no quemado en la hoguera. Desgraciadamente aquí entre nosotros la caza a las brujas está siempre abierta y bien retribuida.

4. Interactivo
Gracias a los nuevos medios, podemos interactuar más profundamente con sonidos, imágenes, información. Podemos determinar su flujo, escoger en todo momento qué ver o escuchar; podemos guardar contenidos, usarlos en nuevos contextos, modificarlos. Muchas veces el debate sobre esta oportunidad queda en un punto muerto entre quienes sostienen que "ya todo se reduce a un puro corta y pega" y quienes consideran que la reelaboración es un fundamento de la creatividad. Más allá de este rancio dilema, Jenkins demuestra como la práctica de (re)apropiarse de contenidos ha traído nuevamente a la luz un magma de producciones de aficionados y creatividad difusa, formas de vida típicas de la "vieja" cultura popular, que habían sido confinadas bajo tierra con la llegada de los medios masivos de comunicación.

5. Participativo
Hasta hace veinte años, la mayor parte del público era tan sólo audiencia y el único mensaje que podía emitir se reducía a una opción binaria: escuchar/no escuchar, consumir/no consumir. Hoy tenemos a disposición diversos canales para hacer conocer nuestras ideas a un auditorio muy amplio. Por supuesto, no basta abrir un blog o una página en myspace: se trata de una competencia que hay que aprender y refinar. Sin dudas es una habilidad que marca la diferencia en muchos ámbitos laborables, y lo hará cada vez más.
Por desgracia, en vez de interrogarse sobre cómo formar personas que sepan manejar ciertos instrumentos, se prefiere evocar fantasmas. Último ejemplo: la "nueva" oleada de vandalismo juvenil - inmediatamente definida cyberbullismo [5] - se habría originado en Internet, porque la posibilidad de filmar las propias bravuconadas, cargarlas en You Tube y "hacerse famosos", funcionaría como incentivo. Lo mismo para la pornografía infantil y otras monstruosidades: entre las líneas de investigación de estilo freak show, que agrupan hechos e imaginaciones, especialistas y charlatanes, siempre se insinúa la posibilidad que abrir un sitio y activar una red de contactos es demasiado fácil. Es como decir que los círculos neonazis existen porque desdichadamente, en Italia, reunirse y constituir una asociación es demasiado fácil. Así, la difusión libre y transversal de contenidos se convierte de por sí en un fenómeno a contener, reducir, manejar. Pero luego se lamentan, a la primera ocasión, por el consumismo pasivo de algunos adolescentes.

6. Global
Las nuevas tecnologías nos permiten interactuar en cualquier momento con personas y situaciones, sin tener en cuenta su ubicación geográfica. En Italia, muchas veces, esta constatación sirve para esgrimir la amenaza de una homologación cultural cada vez más sólida. El riesgo existe, sin duda, ¿pero por qué no fijarse también en otros escenarios, por ejemplo la posibilidad, para nada remota, que esta situación permita aumentar la diversidad cultural, como respuesta a la creciente necesidad de salir del provincianismo y para crearnos una identidad cada vez más rica y siempre nueva?

7. Generacional
Entre "nativos" e "inmigrantes" de la era digital y participativa hay conductas muy diferentes, distintos enfoques respecto a los mismos medios. Esto no significa que las comunidades no puedan confrontarse y educarse entre sí. Con mucha frecuencia se prefiere alzar vallas, insistir en estereotipos como "todos los jóvenes son manitas" o bien " los jóvenes sólo chatean y punto" y cosas así. Se reconoce que, bajo muchos aspectos, la transición de conocimientos y experiencias de una generación a otra ha dado un salto, así que todo se ha echado a perder, y en todo caso "ya no hay nada más que hacer".

La connessione non fa il connesso8. Desigual
Cuando en Italia se habla de la "brecha digital" siempre se lo hace en términos tecnológicos. Hay que llevar ordenadores (e informática) a las escuelas, hay que hacer llegar la banda ancha a todas partes, hay que instalar puntos de acceso para conexiones inalámbricas, y cosas así. Hecho esto, el abismo digital será superado. Es como decir que el analfabetismo es un problema de dioptrías. Algunas personas no saber leer porque sus ojos no funcionan bien. Estableciendo un programa "gafas para todos", el problema será derrotado. Desgraciadamente, el analfabetismo no se derrota ni siquiera enseñando el abecedario, así como la brecha digital no se elimina con ordenadores o con banda ancha y ni tampoco enseñando a usar lenguajes de programación y HTML.
Por supuesto, si alguien tiene graduación dos de visión, antes de enseñarle a leer tendré que darle las gafas. Por supuesto, si alguien no sabe las letras, tiene que aprender el abecedario. Pero después, leer y escribir implican una serie de competencias más refinadas, así como formar parte de una cultura participativa no es sólo poder navegar a 10 megas por segundo.
El asunto no son las habilidades cognitivas. Un chico de quince años abre un programa cualquiera, empieza a explorarlo sin instrucciones y después de algunos días lo domina. Su abuelo no consigue manejar un equipo de música distinto del que tiene en su casa y para usar el correo electrónico necesita una semana de titánicos esfuerzos.
El verdadero problema es que, en igualdad de medios y capacidades técnicas, distintos adolescentes se relacionan con la Red según modalidades muy diferentes, tanto que los ubica en extremos opuestos de un abanico social muy discriminante.
La proverbial facilidad con la cual los chicos utilizan los nuevos medios hace creer a muchos adultos que es suficiente que les suministren la tecnología adecuada para transformarlos en ciudadanos de la nueva sociedad digital. En una intervención reciente para la MacArthur Foundation, Jenkins precisamente ha criticado este enfoque "liberalista", donde la fe en el laissez faire no hace más que multiplicar las desigualdades.
El mito del adolescente en simbiosis con las máquinas esconde una realidad variopinta, donde muchos chicos que tienen ordenadores, correo electrónico y programas para descargar música, no saben usar un motor de búsqueda para encontrar información, noticias, productos. Otros los saben usar pero no están en condiciones de seleccionar, entre las distintas respuestas, aquella que les sirve efectivamente, y así desisten antes de haber encontrado efectivamente lo que buscaban. Otros más, encuentran pero no saben exactamente qué (una cosa es copiar un artículo de Wikipedia, y otra es entender qué es esa fuente, cómo funciona, lo que implica).

Questo non bastaJenkins identifica tres problemas en la idea que los adolescentes, usando Internet, desarrollan por sí mismos las competencias que necesitan, así como por sí mismos se convierten en campeones de vídeojuegos o usuarios de YouTube.

El primero es un problema de participación: no basta abrir una puerta para que las personas entren. Para muchos la Red es un espacio importante, una experiencia rica de estímulos, un medio a usar en manera activa; para otros sigue siendo un ámbito accesorio, poco conocido, limitado, a consumir en modo pasivo y sin interacciones significativas.

El segundo es un problema de transparencia, que ya se plantea para los medios tradicionales. Una noticia cualquiera por lo general es opaca con relación a una serie de características cruciales: quién la difunde, para qué tipo de público, quién la solicita, con qué intereses, con qué trasfondo ideológico. Del mismo modo, un artículo de Wikipedia nada nos dice sobre el conocimiento difuso y la inteligencia colectiva, así como una canción descargada en forma ilegal no nos interpela sobre temas del derecho de autor, la función del artista, la difusión de la cultura.

El tercero es un problema ético, como pone de manifiesto el cyberbullismo del que se hablaba antes. Pocos advierten que el problema no es YouTube o las potencialidades de la red, sino el hecho de que todavía no hemos desarrollado una clara percepción ética sobre cuál es la diferencia entre hacer una broma a un compañero de clase; hacer una broma y filmarla; y hacer una broma, filmarla y ponerla a disposición de todos.

EsclusioneCultura Convergente no se ocupa de temáticas educativas, pero de todos modos, en muchas páginas es evidente la inclinación para elaborar y difundir un nuevo modelo de alfabetización mediática. He aquí la cuarta razón que hace que la edición italiana de este trabajo sea muy importante.
En nuestro país, inútil decirlo, los pocos programas en marcha en gran escala están relacionados con la seguridad. Se busca instruir a los chicos para que defiendan su propia intimidad, evitar estafas, filtrar comunicaciones y publicidad no deseada, reaccionar en caso de abusos, tentativas de seducción, engaños. Además, se informa con relación a los delitos que podrían cometer a través de prácticas ampliamente extendidas: descarga de contenidos protegidos, compartir ficheros, publicación de películas y vídeos.
Nadie parece estar preparado para impulsar una confrontación sobre las "competencias digitales" que determinan cada vez más la formación social, cultural y profesional de los personas. La Edad de la Participación, inaugurada por la Red, está llena de promesas: ciudadanía activa, consumo responsable, creatividad difusa, inteligencia colectiva, conocimientos compartidos, intercambio de saberes. Sin embargo, si esperamos verla surgir en el horizonte como un amanecer seguro e inevitable, se acabará por transformarla en su contrario, produciendo una nueva y vasta masa de excluídos.


* Wu Ming 2 y Wu Ming 1, julio de 2007


1. TG4 es el telediario de la cadena 4 italiana, propiedad de Silvio Berlusconi.
2 La pupa e il secchione es el nombre de un reality show “de convivencia” cuyos protagonistas responden al estereotipo de la mujer bonita y tonta por un lado, y de hombres feos y con dificultades para relacionarse por el otro. Basado en el formato estadounidense “The Beauty and The Geek”.
3 Auditel es la empresa proveedora más reconocida en Italia de mediciones de la audiencia televisiva.
4 Alusión a Giovanni Gentile, ministro de Instrución Pública durante el gobierno fascista de Benito Mussolini entre 1922 y 1925, y autor de una importante reforma en la educación.
5. Neologismo formado por las palabras “cyber”, en castellano corresponde a cibernético, y una derivación de la palabra “bullo”, palabra que indica una persona que atemoriza y coacciona a los otros.

09 febrero 2008

Panfleto para seguir viviendo


No quiero ser escritor. No creo que aguantaría. Acabaría por importarme más el temblor que se queda dentro y no el efecto que sale fuera. O acabaría matándome, como Martin Eden, el escritor que inventó London y que se tra al mar desde el barco La Mariposa:"Primero nadó un rato. Un atún de los que siguen a los barcos le mordío y le quitó carne. La Mariposa se alejaba. Dejó de nadar radiante. Despues, tenebrosidad."
Para Martin Eden ser escritor es "ser uno de esos ojos a través de los cuales el mundo ve, uno de los oídos a través de los cuales el mundo oye, uno de los corazones con que el mundo palpita". Pero Eden no piensa bien qué mundo, cuál de todos los mundos, y por eso, porque no hay un mundo verdadero y al margen de los demás: el mundo de la biología, la potencia y la belleza, sin darse cuenta de que ese mundo tiene dueños, administradores y accionistas.
Si yo fuera escritor querría ser uno de los ojos a través de los cuales el mundo ve vidas como la mía, uno de los oídos a través de los cuales el mundo oye crujir los zapatos cuando pisan cuellos, uno de los corazones con que palpitan los putos treinta pasos de Toño, de mi padre, de Raquel, pero no lo conseguiría porque el mundo de los escritores lo administran los mismos que llevan a la muerte a Martin Eden. Lo más seguro es que, si no me mataba, acabase siendo uno de los corazones con que palpitan las casas de quienes reinvierten sus acciones en Bolsa gracias a los ojos perdidos de mi madre y, encima, luego disfrutan leyendo, de vez en cuando, historias tristes. No. Cuando termine esto, yo seguiré pegando carteles en los troncos de los semáforos.


de "Panfleto para seguir viviendo" Fernando Díaz, Bruguera 2007

30 enero 2008

EPÍSTOLA DE LOS POETAS QUE VENDRÁN- Manuel Scorza

Tal vez mañana los poetas pregunten
por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
tal vez mañana los poetas pregunten
por qué nuestros poemas
eran largas avenidas
por donde venía la ardiente cólera.

Yo respondo:
por todas partes oíamos el llanto,
por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.
¿Iba a ser la Poesía
una solitaria columna de rocío?
Tenía que ser un relámpago perpetuo.

Mientras alguien padezca,
la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien mire el pan con envidia,
el trigo no podrá dormir;
mientras llueva sobre el pecho de los mendigos,
mi corazón no sonreirá.

Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
No digáis el romance de los lirios.
Hay cosas más altas
que llorar amores perdidos:
el rumor de un pueblo que despierta
¡es más bello que el rocío!
El metal resplandeciente de su cólera
¡es más bello que la espuma!
Un Hombre Libre
¡es más puro que el diamante!
El poeta libertará el fuego
de su cárcel de ceniza.
El poeta encenderá la hoguera
donde se queme este mundo sombrío.


_______

Más sobre Manuel aquí y aquí una entrevista

29 enero 2008

Reseña del libro "La criminal pasión de poseer" de Manuel Fernando Macías

David Franco Monthiel


La criminal pasión de poseer, Manuel Fernando Macías
Libros de la herida, nº 3 Colección Poesía en resistencia.

Se preguntaba el Vladimir Maiakovski de “Poesía y Revolución” por los elementos que son indispensables para iniciar el trabajo poético. Pluma, lápiz, máquina de escribir, teléfono… enumeraba el poeta de octubre, y al poco consideraba también un paraguas para escribir bajo la lluvia. Un paraguas para seguir escribiendo bajo la sucia lluvia de palabras del mundo.

De la mano de Ovidio, del viejo verso contra la posesión del amor, Manuel Fernando Macías, se moja, resiste, truena contra la propiedad, relampaguea ante la desesperanza, es fina lluvia que refresca en la vida y el amor y se encapota cuando habla de los meteorólogos de la palabra y la muerte. “La criminal pasión de poseer”, número tres de la colección Poesía en Resistencia de la editorial sevillana Libros de la herida, es un libro-paraguas, un refugio de palabras tejidas para vencer la desventura pegada a los zapatos, un libro para saltar los charcos de ponzoña de quienes usan malas artes, un libros donde se nos habla de la dignidad y de todos sus laberintos, del crimen de la propiedad, de la militancia política desde la rotunda voz del camarada que, desde su puesto, trabaja desde la geométrica verdad del que sabe que “Perdiendo batallas uno es más fuerte/ Tiene más paz/ Aprende.”

La terca y bella reivindicación de que los versos no sólo se queden en el papel, si no que puedan propagarse por los márgenes para hacerse voz de todos y todas, otorga al poemario la rotundidad exacta del que perdió la fe pero tiene todo el sitio de la esperanza, del que busca la dignidad de los lobos. Más allá de una mirada poética sobre la experiencia política, el libro reflexiona sobre las dificultades, conflictos, virtudes y peripecias diversas del vivir. Y es una decidida apuesta por la honestidad, con mecha, contra la propiedad (“Quisimos amarla/Pero amarla juntos”), repleta de hermosos versos que desgranan cómo se produce la destrucción de la aventura por la especulación burguesa, poniendo también el foco en el mercado cultural y sus estrellas en versos como el demoledor “La fama es la confirmación de las sospechas”.

“La criminal pasión de poseer” afirma que la vida es como una llama frente al viento pero también se pregunta por quiénes encienden los ventiladores. Sí, la pregunta que subyace es qué y quiénes. Y cuáles son los nombres de aquellos que nos dan la mano para llevarnos por autopistas atestadas camino del ocio esclavo, en vagones hacia la muerte en vida. Palabras con una profunda carga de dignidad y filo, de verdad y piedra.

Maiskovski y su voz, que tantas ocasiones se había elevado delante de una multitud que lo escuchaba, desaparecieron de un balazo. El hombre elegido para ejecutar a Ernesto Guevara se empapó de alcohol buscando el arrojo. Póngase sereno y apunte bien, que va a matar a un hombre. Dos balas de las que aquí aún quedan los casquillos, no como reliquias de un camino que dicen acabado, sino como esquirlas de una memoria provechosa, fértil. Manuel Fernando no le hace los números a la muerte, ni a sus pistolas o supermercados: su propuesta avanza desde un profundo sentido de la vida como desafío y tentativa y sabe dirigirse a los que, como nos explicaba Bertolt Brecht, poseen muchas formas de matar: Quitarte el pan/No curarte de una enfermedad./ Meterte en una mala vivienda. /Empujarte hasta el suicidio...

Acompaña magníficamente a los poemas la exquisitez de los editores, pues se trata de una cuidadísima edición que incluye un marcapáginas con poema inédito y un certero gráfico de portada, realizado por Miguel Brieva (autor de la serie “Dinero” o de “La Gran Enciclopedia Clismón”), que dialoga muy bien con los textos.

Un paraguas para escribir bajo la lluvia. “La criminal pasión de poseer”, del autor gaditano Manuel Fernando Macías, es un cobijo contra la tormenta de palabras inútiles. Es, también, una colección de formas de nombrar las pérdidas y la resistencia. Aquí se canta desde la exasperación y el horror, desde la vida y el amor. Ya lo decía Arnold Hauser: “El criterio de fecundidad de un arte comprometido no estriba en la solución de crisis y conflictos, sino en combatir la ilusión de que –en medio de los peligros y bajo el signo de la catástrofe– todavía se sigue viviendo en un mundo sin peligro alguno”.



Más información en: www.librosdelaherida.blogspot.com

28 enero 2008

Amó aquella vez como si fuese última

Amó aquella vez como si fuese última,
besó a su mujer como si fuese última,
y a cada hijo suyo cual si fuese el único,
y atravesó la calle con su paso tímido.
Subió a la construcción como si fuese máquina,
alzó en el balcón cuatro paredes sólidas,
ladrillo con ladrillo en un diseño mágico,
sus ojos embotados de cemento y lágrima.
Sentóse a descansar como si fuese sábado,
comió su pobre arroz como si fuese un príncipe,
bebió y sollozó como si fuese un náufrago,
danzó y se rió como si oyese música
y tropezó en el cielo con su paso alcohólico.
Y flotó por el aire cual si fuese un pájaro,
y terminó en el suelo como un bulto fláccido,
y agonizó en el medio del paseo público.
Murió a contramano entorpeciendo el tránsito.

Amó aquella vez como si fuese el último,
besó a su mujer como si fuese única,
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo,
y atravesó la calle con su paso alcohólico.
Subió a la construcción como si fuese sólida,
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas,
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico,
sus ojos embotados de cemento y tránsito.
Sentóse a descansar como si fuese un príncipe,
comió su pobre arroz como si fuese el máximo,
bebió y sollozó como si fuese máquina,
danzó y se rió como si fuese el próximo
y tropezó en el cielo cual si oyese música.
Y flotó por el aire cual si fuese sábado,
y terminó en el suelo como un bulto tímido,
agonizó en el medio del paseo náufrago.
Murió a contramano entorpeciendo el público.

Amó aquella vez como si fuese máquina,
besó a su mujer como si fuese lógico,
alzó en el balcón cuatro paredes fláccidas,
Sentóse a descansar como si fuese un pájaro,
Y flotó en el aire cual si fuese un príncipe,
Y terminó en el suelo como un bulto alcohólico.
Murió a contramano entorpeciendo el sábado.


Por ese pan de comer y el suelo para dormir,
registro para nacer, permiso para reir,
por dejarme respirar y dejarme existir
dios le pagué.
Por esa grappa de gracia que tenemos que beber,
por ese humo desgracia que tenemos que toser,
por los andamios de gentes para subir y caer
dios le pagué.
Por esa arpía que un día nos va a multar y a escupir,
y por la moscas y besos que nos vendrán a cubrir
y por la calma postrera que al fin nos va a redimir
dios le pagué.

Esta canción es la tercera vez que la posteo y, al parecer, junto a la ya mítica entrada (en el foro interno de este blog) de la tumba de Keats y sus comentarios, la que hace posible que mucha gente entre en este blog. La canción es de Chico Buarque traducida por Daniel Viglietti y grabada en su disco Trópicos. Una maravilla.

21 enero 2008

Cread nuevos mundos y nutriréis el cerebro- Wu ming 2

por Wu ming 2 (en L'Unità el 13 de enero de 2007)
Traducido por Nadie Enparticular.
Texto aparecido en la revista "Archipiélago" nº 77-78 "El procomún o la reapropiación pública de lo público.

En un artículo publicado en estas páginas recientemente, Wu Ming 1 ha hecho referencia al último ensayo de Steven Johnson, Everything Bad is Good for You (Penguin, 2006). La tesis fundamental de este libro es que la cultura pop, en los últimos treinta años, ha alimentado nuestros cerebros con una dieta tan portentosa que ha producido un aumento constante de las capacidades cognitivas y los cocientes de inteligencia. Exactamente lo contrario de la opinión común: televisión y videojuegos son el opio del pueblo, la sociedad de masas tiende a aplanar el encefalograma de los individuos, si un producto cultural está dirigido al gran público tiene que ser obligatoriamente estúpido, sin sustancia y nivelado a la baja para complacer al vulgo. Si nos fijamos bien, aun antes que la hipótesis, lo que resulta inédito es la premisa metodológica del libro; dejemos de lado el contenido, propone Johnson. Lo importante no es si Perdidos es de derechas o de izquierdas, arte o basura. Es posible que los productos de la cultura de masas ahora no sean más que un infierno de inmoralidad y degradación, en cualquier sector; pero seguro que cada día son más complejos y diversos, ricos en retos para la mente, capaces de desarrollar nuestro deseo innato de resolver problemas (y no de narcotizar las neuronas con un entorno carente de estímulos). En una palabra: inteligentes.

Esto no depende del espíritu filantrópico de quienes producen y venden entretenimiento. El tema es que una serie televisiva, una película, un videojuego o un reality produce más dinero si tienen tramas enredadas e impensadas, si estimulan discusiones, ponen interrogantes, dejan espacio a la interpretación y a la curiosidad. Johnson sugiere que los principales motores de esta tendencia al alza son dos: las videograbadoras y las comunidades de fans.

Hace treinta años, el principio guía de una cadena televisiva era minimizar la duda, no suscitar objeciones, diseñar una programación inocua. Los espectadores no tenían la posibilidad de volver a ver un capítulo de su serie favorita. Perderse un episodio de Espacio 1999 era como perderse un partido de fútbol: ambos eran acontecimientos únicos e irrepetibles. Hoy, por el contrario, todo es recurrente. Los canales de pago repiten las series a ciclo continuo. Si la trama de Perdidos atrapa mi cerebro como un laberinto, es porque mire donde mire veo ovillos del hilo de Ariadna: puedo grabar los episodios y volver a ver los momentos más enigmáticos, comprar los packs de dvd de la serie, descargarla de la Red, echar un vistazo a los foros dedicados y encontrar respuesta para mis preguntas. En una era de reproducibilidad difusa, minimizar la duda ya no es la estrategia más efectiva. Necesitamos historias que merezcan ser contadas más de una vez, por tanto, rienda suelta a la complejidad, a las subtramas, a las lagunas y a las referencias cruzadas. Rienda suelta a las dudas que se puedan colmar pulsando rewind. Rienda suelta a las películas que no se puedan entender si te pierdes un fotograma: Hollywood gana más dinero con los dvd que con la venta de entradas de cine.

El segundo factor que empuja al entretenimiento con estructuras narrativas cada vez más estructuradas es, según Johnson, el entrometimiento del público, la demanda apremiante de poder interactuar con los productos culturales, ser consumidores partícipes y no solamente pasivos.

Cuando el Comecocos invadió las salas de juegos del planeta, pasó un largo tiempo hasta que los jugadores más empedernidos descubrieron que cada nivel del juego podía ser completado en pocos segundos, siguiendo recorridos fijos a través de laberintos de fantasmas y caramelos. Esta información ha permanecido inaccesible para la mayoría, que continuó afrontando la pantalla equipada solamente con sus ojos, dedos y reflejos. Hoy, esas instrucciones estarían on line días después del lanzamiento del juego (si no antes), cualquiera podría consultarlas sin problemas y aprenderlas de memoria en un par de horas. Veamos, en cambio, un gran éxito de estos años como Grand Theft Auto; también tiene una "guía", que es gratuita y se puede descargar. Son 53.000 palabras una tras otra, más de 160 páginas de texto, aunque tampoco así consigue ser exhaustiva, definitiva. Las discusiones entre los aficionados continúan, no faltan las sorpresas, y mientras tanto salen capítulos del juego nuevos y actualizados. Razonamientos muy parecidos son aplicables para todos los sectores del entretenimiento: chavales de distintas nacionalidades que todos los días publican en la Red la crónica de Hogwarts, reconcentrada en el mundo de Harry Potter; cineastas en ciernes que filman su propio episodio de La guerra de las galaxias y lo difunden por YouTube o Google vídeo; grupos de exégetas que intentan reconstruir el árbol genealógico de Los Soprano; manitas que modifican el código de un videojuego con Lara Croft para que la protagonista pueda encarnar un sensual vídeo clip... Todo está allí, a un clic de tu ratón, y bajo la lupa de Henry Jenkins, el profesor del MIT que el año pasado ha publicado Convergence Culture (New York University Press, 2006), el libro más fascinante que haya podido leer sobre los procesos culturales de nuestro tiempo.

Jenkins explora metódicamente una nueva frontera, donde el poder de los medios y el de los consumidores interactúan de manera sorprendente, y la creatividad popular influye y modifica la de las grandes corporaciones. En este territorio híbrido, los dos elementos indicados por Johnson —maximizar el placer de la reiteración y estimular la participación activa— se combinan en un único programa: la creación de mundos, un recurso narrativo conocido desde los tiempos de Homero y de la épica griega. Historias que nunca nos cansábamos de escuchar y que animaban a imaginar otras historias, bifurcaciones, aventuras heroicas de personajes secundarios. Historias que plasmaban toda una comunidad, y no sólo por los valores que transmitían y garantizaban. Entrar en un mundo nuevo, comprender sus reglas, intervenir, profundizar, confrontarse con otros exploradores: ésa es la esencia de muchos videojuegos (y la razón por la cual no son actividades de ofuscamiento cerebral, sino, por el contrario, ejercicios de entrenamiento para la resolución de problemas, fantasía e inteligencia emotiva). Y es también la esencia de importantes éxitos para el gran público como El señor de los anillos, Harry Potter, La guerra de las galaxias, y de muchas series televisivas, de Star Trek a Los Simpson.

La diferencia con los poemas homéricos, señala Jenkins, está en las capacidades transmediales de los actuales narradores y arquitectos de universos. La epopeya de Matrix, por ejemplo, se despliega en varios soportes: hay tres películas, varios videojuegos, una serie de cómics y dibujos animados, sin contar las innumerables producciones de los fans, imposibles de catalogar, pero que probablemente llenan los vacíos en los ámbitos dejados de lado por los hermanos Wachowski: teatro, literatura, vestuario y todo lo demás.

Característica fundamental de este nuevo modo de narrar (que Jenkins llama narración transmedia) es que las diversas historias queden entrelazadas, sin solapamientos e independientes entre sí. La adaptación de una novela para llevarla al cine no está contemplada en la casuística. No se trata de ofrecer nuevamente la misma trama con lenguajes diferentes, sino de usar lenguajes diferentes para componer fragmentos autónomos de una única trama. En pocas palabras, que quien compre el cómic no necesite la película para poder leerlo; no obstante, en caso de que vea la película, podrá descifrar toda una serie de alusiones de otro modo incomprensibles, y esto enriquecerá su conocimiento de ese determinado mundo.

Yendo al grano: un narrador, un director de cine, un escritor puede actuar de dos maneras diferentes ante el cuadro trazado hasta aquí. Puede entenderlo como marketing, cajas de herramientas para fidelizar al cliente y construir aparatos de recaudación, decidiendo tenerlo en cuenta o no según la importancia concedida al éxito y al dinero con respecto a su producción.

Por otro lado, puede pensar que la complejidad de la trama, la abundancia de personajes y relaciones sociales, la participación del público, la construcción de un mundo y la narración transmedia son una parte esencial de lo que consideramos "narrar historias" en siglo xxi. Sobre esta base, una vez más, podrá decidir si emprender esta trayectoria o seguir siendo un narrador, un director de cine, un escritor clásico, estilo siglo xx. Dejando de lado el respeto por las distintas opciones, estoy convencido de que hoy, en Italia, se necesita una generación de narradores dispuesta a experimentar estos instrumentos como elementos para plasmar historias, y no sólo para venderlas.

Como ha sucedido diez años atrás con los escritores de género, que de algún modo han recogido y superado el desafío de la complejidad, creo que las letras patrias pueden vivir un nuevo auge, una nueva temporada, si muchos autores se empeñaran en escribir historias que también otros puedan habitar: expertos, fans, dibujantes, cineastas, gráficos y actores de teatro. Escritores capaces no sólo de hacer rodar sus dedos sobre un teclado, sino de implicar a otros en una narración abierta, ampliada, que estimule las sinapsis y las comunidades de lectores.

Pero de esto, como nos enseña Mujeres desesperadas (Desperate Housewives), hablaremos en el próximo capítulo.

18 enero 2008

MENOS MAL QUE EXISTEN LISA KEKAULA Y LOS BELLRAYS

No suelo tirar de youtubismo cuando no se me ocurre nada. Pero en estas aciagas fechas para el rock en Cádiz qué menos que alegrarnos los cuerpos con este andanada negra y rockera. Rock! Ni uno sólo de los cantantes de rock de los últimos tiempos (femeninos y masculinos) me ha estremecido tanto. Negra, elegante y salvaje. Lisa Kekaula.
Dos temas. uno clásico: Inconmensurable.


Y uno que ofrece la capacidad de este grupo ajeno a modas, promociones y demás movidas. Como dirían los antiguos djs: sube el volumen y vibra.


Sexy e inteligentes, apasionados y poderosos todo en una, oir a los BellRays es como ser pateado en las pelotas por James Brown. Sin duda. The BellRays definen su música como "Maximum Rock & Soul", una definición más cercana al corazón que se encuentra en su música que a la música en sí.

The Bellrays admiten estar influenciados por grupos tan diversos como MC5, Parliament, James Brown, Miles Davis, Stooges, The Who o el rhythm&/Blues de los 60´s y han tomado el relevo de lo que muy pocas bandas han sido capaces de hacer a lo largo de la historia del Rock & Roll: hacer música visceral que emana directamente desde el alma. Imagínate un autobús lleno de los artistas del sello Motown siendo aplastado por los Black Flag y te harás una pequeña idea del sonido de The Bellrays.

Formados hace siete años en el area de Riverside (USA), la banda comenzó más cercana a las raíces del rhythm&blues, con Lisa Kekaula y Bob Vennum muy metidos en el Blues y el Soul. Con la entrada en el grupo de la guitarra de Tony Fate para pasar Vennum al bajo, The Bellrays encontraban la fórmula perfecta para comenzar a rockear. Y cuando creían que las cosas ya no podían ir mejor, se les une Vince Magrouni en la batería procedente de la banda de Mike Watt, con lo que la formación se completa y consigue su definitivo y explosivo sonido.

The Bellrays se han pateado el circuito de clubs de Los Angeles durante años, haciendo conciertos de verdadera high-energy cargados de violencia sónica, además de ganarse el apoyo del público americano gracias a la publicación de sus discos.

Fueron los vencedores del festival SXSW en 1999. Han girado por su país junto a Nashville Pussy, compartido escenario con Wayne Kramer (MC5), Rocket From The Crypt y se han ganado el respecto del público de todas las ciudades por las que han ido pasando a lo largo de estos años.

Además de sus dos aclamados y fabulosos álbumes, "Grand Fury" y "Let It Blast", han publicado dos cassettes ("The Bellrays" y "In The Light Of The Sun") que pronto van a saer reeditados por el sello Music We Trust y algunos singles, todo ello en su propio sello, Vital Gesture.

The Bellrays han fichado recientemente por el prestigiosos sello inglés Poptones, con los que reeditarán parte de su material.

Honestos, salvajes y comprometidos, The Bellrays hacen exactamente lo que quieren, recordando tiempos pasados cuando la música era peligrosa y los músicos ese tipo de personas con las que no dejarías sola a tu hermana. La revolución Soul-Punk ya está aquí! High Energy! Future Now!!!

(de Indyrock)