12 junio 2012

Poemas que quise escribir, III


Se trata cósmicos de ser más fértiles,
de no ser tímidos, de ser mas trópicos,
de ir a lo pálido, volverlo térmico,
sentirse prójimo de lo más lúdico,
con verdes lápices trazar el ámbito
de lo que mágico rompe los límites,
buscar lo hidráhulico de lo volcánico
librar la métrica, cambiar de sílabas.
Y con elásticas formas anárquicas
tocar lo afónico, que suene homérico,
fundar metáforas, crear la hipótesis
de que lo asmático se vuelva oxígeno,
situar la brújula al sur paupérrimo,
armar las síncopas contra los déspotas,
cambiar la tónica por una séptima,
tocar en triángulo sones esféricos.
Y a los dogmatícos tan poco orgasmícos
casi ni erotícos de ser tan pudícos,
y a esos acritícos de sesgo androgíno
decile gelídos no sean retográdos,
y con armonícos cantar bien nitído
contra lo frigído luchando torrído,
con armas multíples llamando calído,
fondos oceanícos de los más lubrícos.
El ritmo cíclico de vals esdrújulo
es cual la sístole que va a diástole
todo cardíaco de andar eufórico,
nada presbitero más bien sacrílego,
amando nínfulas que sueña grávidas
es más acróbata, cruza los vértices
llamando gráciles criaturas prístinas,
seres prolíficos de lo aún inédito.
Y a los aracnícos volverlos lirícos
y a sus ejercítos juzgarlos rapído
mediante un arbítro de juicio ecuaníme
que encierre en cárceles impunes perfídos
y a politícos de gesto transfúga,
los imperterrítos, los siempre complíces,
caerán patetícos en los espasmodícos
cuando lo energíco les corte el transíto.
Con lo poético del vals arrítmico
que está en lo crítico de sus propósitos
no pueden síncopes ni golpes fúnebres
ni es por patíbulos que quede acéfalo
ni es por trifásicas que olvide históricas
luchas titánicas por lo inalámbrico
por lo que ubérrimo se alza eufóricos
y anuncia próximos cambios históricos.
Cuando el pobrísimo tome las cúpulas,
y los famélicos tomen las áfricas,
y los indígenas tierra amazónica,
y los mecánicos tomen las fábricas,
y los utópicos salgan del prólogo,
y los daltónicos pinten lo nítido,
y los chuequísimos bailen de júbilo
ya lo terrícola serás libérrimo
cual ritmo cíclico de canto esdrújulo.


Escrújulo, Daniel Viglietti