23 febrero 2005

Estábamos cerca de Barstow, cuando las drogas empezaron a hacernos efecto

El Dr Gonzo se ha suicidado. Licor y estupefacientes fueron su "combustibles" reconocidos para un vertiginoso viaje por la locura que encierran algunas formas del sueño norteamericano. Sin embargo, cuando se le pregunta a este respecto, suele contestar: "Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada". 67 años de periodismo gonzo, esa forma de vida en el que el cronista es protagonista de la crónica.
"Pasada una semana vino el editor, a quien le habíamos prometido el artículo, a recogerlo. Yo no lo tenía escrito: cuando más consultaba mi bloc de notas, mi mente se quedaba más en blanco. Total, que tuve miedo de que nos quedáramos sin cobrar y le di mis apuntes. Cuando salieron publicados, empecé a hacer las maletas para cambiarme de ciudad, pero todo el mundo empezó a llamarme para decirme que aquello era maravilloso". En cuanto a "gonzo", la palabra en cuestión, Thompson explica: "La utilizaba un amigo mío de Oakland, siempre pasadísimo, para referirse a esas personas que tienen la mente peor que los locos".
"He sido un delincuente juvenil, el típico que calzaba wambas blancas, camiseta de la Universidad de Oxford y tejanos. Me dedicaba a robar pequeñas cosas, sobre todo licor, que era por lo que nos pagaban más". "Sé más de las cárceles que la mayoría de los convictos del país. De los 15 a los 18 años mi vida transcurrió repartida entre las rejas y las calles. Fue precisamente en prisión donde me inicié con la heroína".
De su estancia en Puerto Rico viene a dar cuenta "El diario del ron", en cuyas páginas se nos presenta bajo el nombre de Kemp, un joven trotamundos que acaba de abandonar el Village para emplearse en una redacción portorriqueña. Los verdaderos intereses de nuestro corresponsal están en el ron que bebe sin cesar y en las orgías a las que se entrega.
Tras una nueva experiencia como corresponsal para 'National Observer' que le mantiene en Sudamérica hasta 1963, Thompson regresa a Nueva York y comienza colaborar en publicaciones como 'Esquire', el magazine del 'New York Times', 'Nation', 'Reporter' y 'Harper's'. Publica su primera novela en 1966, "Los Ángeles del infierno". La crónica sobre los movimientos de droga que llevan a cabo estos conocidos motoristas norteamericanos le convierte en el 'enfant terrible' de la literatura estadounidense.
Su estela transciende incluso a círculos tan poco afectos a la prensa como los contraculturales, en los que Thompson es una referencia obligada desde entonces. Por dilucidar aún si la paternidad del nuevo periodismo pertenece a él o a Thomas Wolfe, lo cierto es que, como novelista, Thompson se da a conocer antes. 'The Electric Kool-Aid Acid Test', el primer libro de Wolfe, data de 1968.

Redactor jefe de la sección nacional de la prestigiosa revista 'Rolling Stone' entre 1969 y 1974, de uno de los reportajes realizados por aquel tiempo acerca de la campaña presidencial de 1972 nace su novela más celebrada: 'Miedo y asco en Las Vegas'. En su páginas, el eterno periodista, álter ego del autor en todas sus novelas, acompañado en esta ocasión por un abogado, se lanza con su Chevrolet descapotable a la conquista de Las Vegas. Las drogas más variadas suceden al alcohol en alternancia constante a lo largo de todo el recorrido de estos dos pícaros de nuestro tiempo. 'Fear and Loathing on the Campaign Trail'77' (1973), 'La gran caza del tiburón' (1979) y 'The Curse of Lono' (1983) sólo son algunas de las que deja como legado.